Paraísos Fecales en Chihuahua

1911

Por Rafael Navarro Barrón

Nunca he entendido la mentalidad de los políticos-empresarios mexicanos. Viven en sus paraísos terrenales, en su zona de confort; después de haber tenido una carrera política ‘exitosa’, no trabajan, ni tienen despachos, en algunos casos manejan negocios que son con los que blanquean sus fantasmales prestigios.

Algunos son mediocres catedráticos porque no han vivido en la moral pública, no pueden enseñar una ética en relación a lo laboral, porque nunca han vivido en esa visión, ni han trabajado honestamente.

Esos imbéciles, ladrones y cobardes, aprovechan el caos de la violencia para mandar mensajes intimidatorios a quienes los denunciamos o a los que los mencionan como lo que son, unos verdaderos delincuentes de la política.

Sin afán de hacerme la víctima, porque mi trabajo periodístico exige un riesgo, creo que dar opiniones que esbocen las historias de una comunidad, siempre será un riesgo para los periodistas y yo soy uno de ellos.

En una conferencia en la extensión universitaria de la Uach en Juárez, un joven estudiante me preguntó si era peligroso ser periodista; la respuesta que he dado siempre es la misma. Los riesgos son para todo el que trabaja; la electricidad para el electricista; las infecciones para el médico; las armas para el policía; la lumbre para el bombero; la verdad para el periodista.

Estos sinvergüenzas me mandan decir que están muy ofendidos. Y yo pienso ¿ofendidos? ¿Molestos por lo que escribo? ¿Indignados?

No soy ingenuo, pero sigo sin entender como un hombre corrupto está molesto, como un ladrón se siente ofendido y hasta utiliza a sus corifeos para enviarme mensajes intimidatorios. ¡Cuídate! ¡Cuídate mucho!

Mantengo muy poca relación con personajes de la política. Los conozco y me conocen, nos saludamos con cortesía, pero ellos saben que no somos amigos; estoy en chats de variados personajes (políticos, empresarios, analistas, periodistas, gente del deporte, del gobierno…). Participo poco en esos medios de debate y exposición de ideas. Me dicen que a veces se pelean por asuntos políticos, por la defensa de sus ideologías…en realidad no me doy cuenta de esos enfrentamientos, ni agarro partido cuando los leo. Aunque no esté de acuerdo con las líneas de pensamiento, tengo la obligación de respetar las ideas expresadas.

Aclaro que tengo muchos amigos en la política, a los que siempre consideraré y agradeceré por sus invaluables comentarios. Al igual, tengo amigos periodistas que siempre los veo con afecto, que bromeo con ellos, que conozco sus historias y conocen la mía.

En esta nueva etapa de mi vida periodística, me llamó la atención que empezaron a llegar mensajes de mis colegas y amigos, pero también de gente con la que no convivo mucho, pero admito que nos conocemos.

Eran advertencias por lo que escuchan y piensan: “¡te estas cerrando las puertas con los políticos!; ¡te vas quedar sin amigos en la política!”. ¿Amigos? Esos ambiciosos solo tienen dos amigos que se llaman don poder y don dinero. Esos sucios que están y que terminaron sus encomiendas hicieron un lazo umbilical con ambición.

Pagan, compran, invierten cuando hay algo que obtener a cambio. Compran silencios y recurren al olvido de quienes les ayudan o les permiten seguir escalando.

Recuerdo una frase del brillante abogado Sergio Conde Varela durante una huelga de hambre en la plaza de Armas de Ciudad Juárez. Estaba en franca oposición a los caballeros de la política y el empresariado. Se levantó contra el tótem sagrado, contra el becerro de oro, contra la vaca sagrada… Francisco Barrio.

Qué verdad la del abogado: “Barrio no es el adalid de la democracia”. En 1986 muchos periodistas contribuimos al mejoramiento del entorno democrático. No la jugamos por ese cambio que rindió frutos. Y ¡ohhh sorpresa!, cuando llegaron aquellos panistas al poder su narcisismo político expulsó a los soldados rasos y nos convirtieron en sus enemigos.

Es importante preguntarnos. En la actualidad ¿se conformará la gente de Juárez con estar leyendo, escuchando o viendo, los medios de comunicación que destilan miel en honor a los políticos juarenses? ¿les gustarán los programas televisivos donde piensan que el clima tiene que ser dado por una chica con poca ropa o que pinte bien ante el público? ¿la gente estará contenta con las entrevistas tan mal hechas y zalameras?

Claro que no, de allí el surgimiento de infinidad de páginas noticiosas en redes sociales, amateur la mayoría, de neoperiodistas, sin ninguna formación académica que los avale, pero con muchas ganas de decir la verdad, aunque tengan faltas de ortografía o como decimos en los medios impresos, “aunque escriban con las patas”.

Por desgracia, esos nuevos periodistas no saben la historia de los pillos que nos han gobernado, que ahora tienen casas en Juárez, en El Paso, en la Ciudad México…en Ruidoso, Nuevo México. Que están en las listas públicas y confidenciales de los paraísos fiscales, que en realidad deberían de ser paraísos fecales.

Como han perdido toda ética pública y empresarial, esos tipejos hacen negocios hasta con el diablo, blanquean dinero; esos políticos son hermanos, padres e hijos crueles, abusivos, violentos y que se creen con derecho sobre el resto de su familia; traicionan, roban, hablan, envidian aún y a sus descendientes o consanguíneos.

Muchos de ellos han sido hijos violentos, ingratos, distantes y abusivos con sus padres. Hijos que no aman a sus propios progenitores, que abusaron de ellos aprovechando el poder político que un día tuvieron o siguen teniendo para despojarlos de sus bienes y negocios.

Un finado arquitecto de Ciudad Juárez, algún día arrepentido de ser constructor de políticos, empresarios y narcos, mencionó que algún tiempo de esta frontera fue pródiga en recursos para la construcción y seguramente sigue siendo.

Ya viejo y cansado, enfermo, me pidió que lo acompañara a comer carne al restaurante Mitla de la Hermanos Escobar. El saborear aquel jugoso trozo de sirloin y aquella ensalada bañada de queso menonita en cuadros, fue algo de sus últimos gustos de la vida. Tenía un cáncer terminal muy agresivo.

Durante la comida, el arquitecto Román platicó los secretos íntimos de su profesión. “Era increíble: después de construir la casa familiar, el cliente me llamaba para construir la vivienda del segundo frente. No tan espectacular como la primera, pero con las extravagancias que la novia exigía y, en ocasiones, al varón que los deleitaba como el eunuco de casa. Lo más sorprendente es que, en el caso de los políticos, el erario pagaba sus comodidades y se incluían como un gasto inherente a las obras de gobierno”.

Para los pobres de México los paraísos fiscales son Coppel, Banco Azteca, Famsa; para los ricos políticos que nos han gobernado, son los paraísos fecales, que se tejen a través de la política y las relaciones insanas con socios, empresarios o gente de la misma política.

Ejemplos abundan. De los ex gobernadores vivos del estado de Chihuahua, del PRI y del PAN, ¿cuántos trabajan o tienen alguna actividad remunerativa que les sustente el día a día? A todos, porque son ¡muy vivos!, los veo en actos públicos, en cafés, en los mejores restaurantes de Juárez y Chihuahua; se transportan en vehículos del año. No sufren ni se acongojan.

Cuando sus hijos se casan, las fiestas no son en saloncitos rentados en alguna colonia abandonada, sino en las playas paradisiacas, en lugares privados del caribe o del pacífico, en salones donde la realeza británica y española conviviría sin problema alguno.

Las lunas de miel no son en Mazatlán, en Puerto Peñasco, en Playa del Carmen, sino a islas griegas, en los paraísos asiáticos y europeos. Luego regresan a vivir en casas virreinales, con autos de lujo. Todo eso se los regaló la política; el pueblo jodido, al que le arrebataron sus impuestos y les frenaron los planes de desarrollo.

Y si el ejercicio lo llevamos a los exalcaldes de Ciudad Juárez o de la ciudad de Chihuahua, vivos y muertos. En todos ellos podemos advertir sus riquezas que surgieron ¿gracias a quién? A la política. A los jodidos mexicanos, otra vez. Se hartaron de robar y robar y hasta herencias dejaron.

Y ustedes, señores, ¿quieren el silencio? Ese es un privilegio que no pueden comprar; las mentiras se combaten con verdades, con principios elementales de honestidad.

Qué fácil es para ustedes indignarse, convertir al periodismo en lo que se han transformado con sus amenazas y con los pagos subrepticios que acostumbran erogar para evitar que los denuncien.

No les da pena que quienes compran periódicos, leen en redes sociales, ven en televisión, oyen en radio, se convierten en testigos del contenido de los mal hechos boletines de prensa, notitas intrascendentes y toda esa ensarta de mentiras que exponen los gobernantes y que divulgan los medios convencionales a cambio de unos pesos.

En lugar de exigir silencio, pidan perdón por lo robado. Recuerden que los venimos siguiendo, escuchando, analizando de tiempo atrás. Hasta lo que respiran y se tragan sin respeto en los restantes de lujo, a los que no entran los pobres, lo tenemos documentado.

Y si gustan seguir amenazando, estamos a la orden. Solo les recomendamos que se pongan en la fila.