El mensaje oculto de López Obrador a Corral y Cabada

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Por Rafael Navarro Barrón

Y allí estaban, como Petaka y Pituka, las célebres niñas del programa Chiquilladas. Sin ningún pudor, riendo ante las cámaras del gobierno federal, creyéndose gobernantes ejemplares, blanqueados, uno por la diarrea verbal de AMLO, el presidente en turno que se le ocurrió decir que Javier Corral ha sido un buen gobernante que lucha contra la corrupción.
El otro, Armando Cabada, un inmaduro político marcado por la ineptitud, la extravagancia, la rapiña y la traición a quienes, en su momento, lo impulsaron.
Merecedor del título “el peor gobernante municipal que ha tenido ciudad Juárez”, ¿ahora?, ‘beatificado’ como muchos pillos en México con las siglas de Morena, convertido en un ‘pluri’ que irá a la Cámara de Diputados a esconder su ineptitud. Ese es Cabada, de cuerpo entero.
Era la visita presidencial de tres días a Ciudad Juárez -el bastión más fuerte de Morena en el Estado de Chihuahua- y López Obrador, el ‘costal de mañas’ (según la descripción de Muñoz Ledo) acudía a su última peregrinación política, a mentarles la madre a Corral y Cabada sin que se dieran cuenta del agravio.


Lo que resulta extraño es que un político tan avezado como Javier Corral Jurado haya caído en las redes de López Obrador. Así pasa cuando los estertores de muerte llegan a nuestra vida política, era el grito del huevón de palacio estatal que a coro con Cabada levantaban la voz para recitar a Juan Rulfo en su obra: “Diles que no me maten”.

“— ¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad…Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya estuvo bueno. Dile que lo hago por caridad de Dios…Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues”.

En dos reuniones públicas, Corral-López Obrador “casi hicieron el amor, sin siquiera tocar sus manos”, como diría una decana maestra de inglés.
¿Testigo? El diputado federal electo, Armando Cabada que festejaba con una sonrisa nerviosa, austera pero prolongada estar en el mismo escenario que el presidente de la república, ahora de su partido político. El ‘independiente’ que gritó a los cuatro vientos que los partidos eran la peor basura del mundo, ahora se cobija en uno de ellos…el del presidente de la república, claro está.
Ahora la ‘I’ que nos acomodó en toda su fallida administración la tendremos que interpretar a nuestra manera.
La mente es muy canija. Estar frente al máximo líder de un país, o personajes de esos niveles, inyectan retazos de ilusión; nos hace creer que pasamos a un mundo ‘supra excepcional’ dejando atrás el mundo real.
Y allí, riendo, jugueteando a ser políticos, los ‘seudos’ se sienten soñados en el escenario efímero del poder. Se sonríen mutuamente, como Petaka y Pituka. Observan a los periodistas que están en la mañanera.


Sin rubor alguno, Corral mira bajo el hombro a quienes ha denostado por cinco años, a quienes desprecia con un odio casi enfermizo; Cabada, por el contrario, se siente tranquilo de ver cómo logró comprar a los directivos de medios convencionales y a reporteros ‘independientes’ que son dueños de portales de Internet.
Unos, los desplazados y otros, los comprados, comparten la sala, temerosos de preguntar, titubeantes e incapaces de hilar preguntas que revelen la realidad en la que vivimos. De simple paseo, pues. En día de campo. Convocados desde las 4 de la mañana en una inquietante humillación de la que nadie protesta.
Allí están los compañeros de los medios, incapaces de afrontar a sus amos y villanos. En cinco años fueron domesticados y convertidos en zombis que solo repiten, a coro, los boletines de prensa y transcriben la información oficial.
Frente a ellos, el huevón de palacio, que se cuece aparte. Él es un típico mujerujo de la política, acostumbrado a usar la lengua para denostar, para defenestrar y hacer daño.
El analista Francisco Martín Moreno hizo una descripción muy acertada del presidente de la república. La épica frase es un contraste de emociones: “A lo largo de la dolorida historia de México nos hemos encontrado con gobernantes corruptos, frívolos, inútiles, golpistas, dictatoriales, depredadores, anacrónicos, suicidas, traidores, colaboracionistas, vende patrias, ignorantes y alevosos, al igual que asesinos, pero nunca nos habíamos topado con un Presidente cruel…”.
En Chihuahua tenemos su equivalente. Así, igual, es Corral Jurado, un gobernante cruel, inepto, sucio y mentiroso. Es un político ávido del aplauso, del reconocimiento. De allí su cercanía por años con la riqueza de México, con la realeza de Chihuahua, con la nobleza de Ciudad Juárez a la que adula y, con el cuento de la lucha política, los ha convertido en sus mecenas.
Por eso el gobernante no entendió el mensaje del hombre del ‘colmillo retorcido’, del ‘costal de mañas’ que gobierna el país. A nuestras Petaka y Pituka (Corral-Cabada) los subió primero en el pedestal de la política. Les dijo lo que querían oír y luego los estrelló en el vidrio de la vitrina mañanera utilizando a los finados Juan Gabriel y Rocio Dúrcal con la canción “Déjame Vivir”.
Corral y Cabada suponían que habían entrado al purgatorio de la política, que lograrían evitar la molesta persecución, los reclamos del pasado, que el mero mero del gobierno federal les espetaría lo incapaces que son, pero no.
¿Olvidaría Corral aquella flamígera declaración de AMLO cuando advirtió- en campaña- que “Chihuahua era un gran pueblo, para tan poco gobernador”?

Por eso, ‘el costal de mañas’, tendría que hacer de las suyas. Intempestivamente recordó que el 28 de agosto era el aniversario luctuoso de Juan Gabriel y recordó una canción que, en particular, según su propio dicho, es una de sus favoritas.
El ‘colmillo afilado’ hizo como que no sabía la letra, solo se concretó a decir; “esa de no no no…” y alguien, sin recordar con quién estaba, le indicó que era la del “Noa Noa”. Entonces AMLO volvió a insistir, “no, no esa que te dije de no no no”. A ver ponla.
Y sin más ni más, al aire, a nivel nacional, Rocío Dúrcal, el orgullo de España y Juan Gabriel, el michoacano naturalizado juarense, aparecieron cantando el estribillo: “Te pido por favor/De la manera más atenta que/ Me dejes en paz/ De ti no quiero ya jamás saber/ Así es que déjame y vete ya.
Y en la conclusión del quinquenio fallido chihuahuense, el Corral huevón, el inepto, prejuicioso y acomplejado político, recibía la segunda estrofa. AMLO utilizaba los labios de los brillantes cantantes para decirle al gobernante “poca cosa” el mensaje oculto de la canción que hizo época y que, a él –a López Obrador- le gusta.
“Déjame vivir/Por qué no me comprendes que tú y yo/ No tenemos ya/Mas nada que decirnos solo adiós/ Así es que déjame y vete ya”
Cumplido el ritual, el protocolo político, se cocinó en Juárez la última reunión entre gobernantes. La despedida de un Corral sonriente, jalando de la mano a quien amó, desairó, tonteó, perdonó y volvió a condenar por cinco años, Armando Cabada.
Porque así es la política, de gobernantes ingenuos. En su voracidad, olvidan por qué están donde están y qué juraron ante el pueblo que gobiernan, que un día dijeron: “Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de… que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande.”