Dentro de los espacios de esta universidad hay esfuerzos que tienen un impacto significativo. La UACJ cuenta con el uso de la Línea Morada, una estrategia que se conforma por tomas de agua tratada, y son utilizadas principalmente para riego de parques, campos o en construcciones. No están conectadas a las tuberías de agua potable y el color morado tiene un significado especial, pues es el indicado por el código internacional para señalar que no es apta para consumo.
A través de un convenio con la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) y la UACJ se facilitó que la dependencia extendierá la red de distribución de agua tratada, conocida como Línea Morada. Actualmente existen tres espacios que aprovechan el servicio: el Instituto de Ciencias Sociales y Administración (ICSA), el Instituto de Ciencias Biomédicas (ICB) y un punto compartido en el Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte, e Ingeniería y Tecnología ( IADA – IIT). “Son las 3 áreas donde hay un punto de entrega de este tipo de agua.
A partir de esto, la dirección General de Infraestructura Física y Sustentabilidad tuvo la labor de darle uso a esta agua exclusivamente para el riego de áreas verdes. En el ICSA y en el ICB existe un sistema de riego 100% de agua tratada, es decir que ahí el 100% de las áreas verdes se riegan con agua en un sistema de riego automatizado”, puntualizó el doctor Miguel Dominguez Acosta, subdirector de Sustentabilidad.
La calidad del agua utilizada para el riego se monitorea, y si en algún momento se deseara darle otro uso, será necesario un proceso secundario de tratamiento.
Como parte del calendario de riego, Alfredo Espinoza del personal manual UACJ, explicó que la distribución de riego se divide en secciones como una estrategia eficiente para que todas las áreas verdes en el ICB se rieguen con frecuencia. De 7:00 p.m. a 7:00 a.m. el sistema de riego, que es automatizado, se encarga de regar las áreas verdes.
Gracias a acciones sustentables, tales como el uso de agua tratada que se promueve en la UACJ, permite darle mantenimiento a espacios verdes. Sin embargo, los espacios verdes no solo tienen una función estética, sino que también cumplen una tarea implícita que beneficia a la comunidad universitaria: la promoción de espacios seguros, naturales y con sombra.
El medio ambiente sano se puede regir desde un lugar organizado, digno y limpio. “Hay estudios que mencionan que los espacios con luz natural generan tranquilidad y serenidad. Porque estar en contacto con el sol o con espacios verdes te generan bienestar y ayudan a que nuestro cerebro tenga una mayor mayor oxigenación, lo que puede derivar que desempeñemos nuestras tareas de manera optima desde la cuestión cognitiva”, mencionó la maestra Rosalinda Guerrero Moya, jefa de Desarrollo Integral e Inclusión de la Dirección General de Bienestar Universitario.
Los espacios verdes tienen un “efecto secundario” que provoca que el ser humano, al estar en contacto con ellos, tenga tranquilidad, que a su vez, permite que pueda reaccionar óptimamente, tomar mejores decisiones, desarrollar mejores habilidades de concentración y de escucha.
“Un ejemplo que puedo dar desde mi experiencia como psicóloga es que se recomienda tener en consultorios u oficinas algunas plantas porque también te generan mayor bienestar. En cuestión de los alumnos, por ejemplo, el hecho de salir a espacios verdes donde ven plantas, arboles o flores, genera que puedan sentirse en casa y lo pueden relacionar con un lugar seguro”.
Un espacio verde provoca que la comunidad universitaria quiera tomar un descanso, caminar algunos minutos o sentarse bajo la sombra de un árbol. Hacer una pausa en estos lugares, como algunas áreas verdes ubicadas en los institutos, genera tranquilidad.
“Puedes desconectarte un rato e irte a espacios verdes y luego volver a tu examen o clase”. Esto forma parte de las estrategias que se utilizan en el autocuidado: desconectarte 10 minutos, salir a caminar y volver otra vez a tu área de trabajo o estudio. Somos seres vivos y estamos conectados con la naturaleza. Tenemos un pensamiento crítico, sin embargo, aún así tenemos este vínculo. El caminar ya se convierte en una activación. Si tú estás enclaustrado solo en ciertas tareas al momento de estar en contacto con áreas verdes o voltear a ver el sol te puede generar un respiro mental”, destacó Guerrero Moya.
“Desde mi experiencia como docente, observe que mis alumnos buscaban la sombra de los árboles como un lugar para leer, estudiar o simplemente platicar”. Asimismo, la sombra genera un ambiente más fresco.
En medio de tareas por realizar, exámenes, proyectos y responsabilidades personales que forman parte de la vida universitaria, estos espacios verdes se convierten en un oasis entre las aulas. En Ciudad Juárez, caracterizada por un clima seco, las áreas verdes son un «tesoro» que beneficia a la comunidad. Sin embargo, al tener estos espacios, también surge una responsabilidad: cuidarlos.
La maestra Rosalinda Guerrero destacó la importancia que tienen las áreas verdes en el autocuidado y en el apoyo de la salud mental. Exhortó a la comunidad universitaria a cuidarlas, y desde luego, aquellas que se encuentran fuera de las aulas. “El cuidar no significa que vas a regar las áreas, sino se trata de hacer pequeñas acciones, tales como recoger la basura, que yo no tiré, pero que tomo la decisión de colocarla en su lugar. Promover una cultura para cuidar nuestras áreas verdes no se limita a eso, sino que trasciende a cuidar nuestro medio ambiente. Mi acción puede contagiar a mis compañeros o personas con las que trabajo”.
El cuidado de estas áreas verdes también tiene una estrecha relación personal: las acciones colectivas empiezan en uno mismo para generar conciencia.


