La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo estará este sábado 19 de septiembre en Ciudad Juárez para encabezar una asamblea informativa con motivo de su Segundo Informe de Gobierno. La cita está programada para la 1:00 de la tarde en la Plaza de la Mexicanidad, la conocida “X”, desde donde la mandataria dirigirá su mensaje a los chihuahuenses.
Después del acto en esta frontera, Sheinbaum continuará su gira hacia Tijuana, Baja California, donde tiene previsto otro evento. La visita forma parte del recorrido que realiza por los estados después de haber presentado formalmente su Segundo Informe el pasado 1 de septiembre. Y claro, en política nada pasa por casualidad, aunque oficialmente todo sea parte de una agenda institucional.
La llegada de la presidenta a Ciudad Juárez se da en un momento particularmente interesante para Morena en Chihuahua. Mientras Sheinbaum vendrá a hablar de los resultados de su administración, dentro del partido sigue pendiente una definición que trae a más de uno con el Jesús en la boca: quién será finalmente la persona que encabece la coordinación estatal de la llamada Cuarta Transformación y, posteriormente, quién terminará convertido en la carta para disputar la gubernatura en 2027.
Ahí están, frente a frente, Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, dos nombres que han concentrado buena parte de la atención política morenista en Chihuahua.
La definición oficial todavía está pendiente, y las versiones sobre los tiempos han ido y venido como fichas de dominó. Por eso, en los cafés políticos ya comenzó a circular una posibilidad: que la decisión sobre la coordinación estatal se conozca después de la visita presidencial. ¿Casualidad? Quién sabe.
Lo cierto es que una visita presidencial siempre mueve el tablero. Y si alguien conoce perfectamente los tiempos, los equilibrios y los mensajes políticos, es la dirigencia nacional de Morena.
Por lo pronto, la presidenta llegará a una frontera que representa un territorio políticamente relevante para Morena en Chihuahua. Será, además, una nueva oportunidad para que las estructuras locales se dejen ver, se acomoden para la fotografía y, de paso, recuerden que en política hasta una silla puede convertirse en mensaje.
Porque mientras Sheinbaum estará hablando de “Honestidad y Resultados”, en Chihuahua algunos estarán mucho más atentos a quién se sienta dónde, quién aparece cerca de quién y, sobre todo, quién recibe el saludo presidencial. Y ahí puede estar la verdadera lectura entre líneas.
La visita tiene carácter institucional, sí. Pero en Morena saben que en vísperas de una definición tan importante, cada movimiento puede ser interpretado como señal. Así que habrá que mirar con lupa la “X”. Porque mientras la presidenta rinde cuentas a los chihuahuenses, más de uno estará haciendo sus propias cuentas rumbo al 2027. Y esas, por cierto, todavía no cuadran para todos.
El PAN con Jáuregui también mueve sus fichas en Chihuahua

Mientras Morena termina de acomodar sus piezas, en el PAN tampoco están cruzados de brazos. En Chihuahua capital ya comenzaron a moverse las fichas rumbo a la elección municipal de 2027 y, como suele ocurrir en estos casos, el verdadero pleito no necesariamente está en quién quiere competir, sino en cómo se va a escoger al que compita.
El fin de semana se habría celebrado una reunión que, aunque discreta y lejos de reflectores, no pasó desapercibida en los corrillos políticos. En un domicilio particular se encontraron el alcalde Marco Bonilla, en su calidad de coordinador de estrategias políticas del PAN; la dirigente estatal, Daniela Álvarez, y el aspirante a la alcaldía, César Jáuregui Moreno. Oficialmente, poco o nada trascendió de la encerrona. Pero en política, cuando tres personajes de ese calibre se sientan a platicar, difícilmente se reúnen para hablar del clima.
El tema que habría estado sobre la mesa es precisamente uno de los asuntos que puede definir el futuro inmediato del panismo capitalino: el método para elegir al candidato a la Presidencia Municipal de Chihuahua. Y ahí es donde empiezan las diferencias.
César Jáuregui Moreno ha dejado claro que no está dispuesto a aceptar una candidatura decidida desde arriba y ha planteado la posibilidad de una elección abierta a la militancia, con reglas claras y condiciones de competencia que den certeza a todos los participantes.
Dicho en términos menos diplomáticos: el exfiscal quiere jugar en cancha abierta y no entrar a un partido cuyo resultado ya esté escrito. Y eso, naturalmente, puede incomodar a quienes históricamente han preferido que las candidaturas se cocinen primero en la mesa y después se presenten a la militancia como plato terminado. El asunto no es menor.
Porque si el PAN pretende llegar unido a la elección de 2027, tendrá que encontrar la fórmula para que quienes aspiran acepten las reglas antes de que arranque el partido. De lo contrario, el método de selección puede terminar siendo más conflictivo que la propia campaña. Por ahora, apenas son los primeros movimientos y los primeros acercamientos. Pero el reloj electoral ya comenzó a correr y cada semana que pasa reduce el margen para los acuerdos.
En política, las reuniones privadas suelen ser el preámbulo de las decisiones públicas. Así que habrá que observar qué sale de esta primera ronda de conversaciones.
Porque una cosa es ponerse de acuerdo en la foto y otra muy distinta ponerse de acuerdo en quién aparece en la boleta. Y mientras Morena sigue acomodando sus piezas, en el PAN de Chihuahua capitral ya empezaron a barajar las suyas.
El tiempo se agota, las candidaturas no esperan y la cancha, por lo visto, todavía no está marcada.
La fiesta se salió del bar

Era de esperarse. Después del escandalazo que protagonizaron dos mujeres que terminaron aparentemente inconscientes en plena vía pública, inspectores de Gobernación estatal clausuraron los bares Kiddo y La Bendita. Y es que una cosa es vender copas, música y ambiente de fiesta, y otra muy distinta es que el negocio termine con clientes tirados en la calle como si fueran parte del mobiliario urbano.
Todo apunta a que las jóvenes, después de traer la fiesta bastante avanzada, terminaron abandonadas en la explanada de la Plaza Portales, mientras quienes operan estos establecimientos aparentemente optaron por una estrategia empresarial bastante peculiar: ver, no preguntar y hacerse los que no vieron nada.
Las imágenes que circularon en redes sociales dicen más que mil explicaciones. Dos mujeres, aparentemente inconscientes, son cargadas y colocadas en el suelo mientras varias personas observan la escena. Eso sí, seguramente dentro de los bares todo estaba bajo control.
Porque mientras afuera había mujeres que necesitaban atención, adentro, suponemos, la fiesta podía continuar como si nada. La autoridad estatal, esta vez, no se puso a bailar al ritmo de la música y decidió actuar. Gobernación clausuró ambos establecimientos bajo el argumento de que se puso en riesgo la salud de los clientes y, para acabarla de amolar, no se dio aviso oportuno a las autoridades. Y ahí está precisamente el detalle. Porque si un cliente pierde el conocimiento dentro o cerca de un establecimiento, la obligación de quienes administran el negocio no debería depender de si hay cámaras, celulares o redes sociales apuntando hacia ellos.
La pregunta que queda flotando es bastante sencilla: ¿qué habría pasado si nadie hubiera grabado? Quizá nada. Quizá la fiesta habría continuado, las copas se habrían seguido sirviendo y al día siguiente solamente habría quedado la famosa cruda moral. Pero las redes sociales hicieron su trabajo y el escándalo llegó hasta los escritorios de la autoridad. Ahora vienen las clausuras, las explicaciones y seguramente el clásico “aquí no pasó nada”. Pues sí pasó. Y bastante. Porque una cosa es que un bar sea famoso por tener buen ambiente y otra muy diferente que termine siendo noticia porque sus clientes aparecen inconscientes en la calle.
La fiesta puede ser negocio, pero hacerse de la vista gorda cuando alguien está en peligro no debería formar parte del menú. Y esta vez, por lo menos, a los inspectores no les dio cruda para actuar. Porque aquí está el meollo, estos antros ofrecen un servicio irresponsable cuando venden alcohol en cantidades industriales a los clientes, y al final de la noche la prioridad parece ser sacarlos de la puerta y dejar que alguien más resuelva el problema.
Ahora habrá que ver si la clausura sirve para poner orden o si solamente será otro candado que, después de unos días, termina convertido en trámite administrativo; taparle el ojo al macho, pues.



