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El encuentro de Maru y Claudia fue lo más relevante de la visita presidencial a Ciudad Juárez

COMPARTE LA COLUMNA RAYOS Y CENTELLAS

por Talcual
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El encuentro entre la gobernadora del estado, María Eugenia Campos Galván, y la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo terminó siendo, sin duda, lo más atractivo del segundo Informe de Gobierno de la mandataria federal en Ciudad Juárez. Y es que, para Chihuahua, el informe dejó más expectativas que novedades.

En realidad, no hubo grandes anuncios para el estado ni para Ciudad Juárez en los temas que más preocupan y urgen: inseguridad, salud, agua del tratado, gusano barrenador e inversiones, particularmente en infraestructura carretera.

El mensaje presidencial tuvo, más bien, un marcado contenido histórico y político, enfocado en reforzar una de las narrativas favoritas de la llamada Cuarta Transformación: la soberanía nacional y la no injerencia extranjera. Y qué mejor escenario que Ciudad Juárez para hablar de soberanía.

Sheinbaum estaba prácticamente a tiro de piedra de Estados Unidos y aprovechó la frontera como referente geopolítico para reforzar su discurso, justo cuando la relación bilateral ocupa buena parte de la agenda nacional. El resto del informe se fue entre programas sociales, cifras y recursos dispersados por el estado. Para Chihuahua, los anuncios fueron bastante más modestos: más preparatorias y vivienda para la frontera.

Pero no llegó el esperado anuncio de nuevos hospitales. Tampoco apareció el famoso polo de desarrollo para Ciudad Juárez, aquel proyecto anunciado desde hace casi dos años y que, hasta ahora, sigue esperando algo más que buenas intenciones. Por eso, para muchos chihuahuenses, la expectativa estaba puesta más en lo que pudieran hablar las dos mandatarias a puerta cerrada que en lo que se dijo desde el templete. Y algo se supo. La gobernadora difundió posteriormente un video en sus redes sociales en el que calificó el encuentro como cordial, aunque también habló de un diálogo franco y firme.

Eso sí, mantener una mejor y mayor comunicación entre ambos gobiernos debería ser lo normal, no un objetivo político para presumir como si se tratara de un descubrimiento diplomático. Porque gobernar no debería consistir en anunciar que dos gobiernos finalmente decidieron hablarse. Lo verdaderamente importante son los resultados de esa comunicación. Y ahí es donde todavía hay varios pendientes. Por cierto, el cierre del mensaje de Campos Galván no pasó desapercibido. Cuando afirmó que Chihuahua es un estado que combate al crimen organizado porque es un gobierno que trabaja por la vida, la verdad y la libertad, la gobernadora pareció colocar sobre la mesa un mensaje que va más allá de la simple cortesía institucional.

Porque en política, lo que se dice importa, pero lo que se dice justo después de una reunión privada puede importar todavía más.

Entre la cordialidad pública y la firmeza privada, quedó la sensación de que Palacio de Gobierno y Palacio Nacional pueden sentarse a la misma mesa, estrecharse la mano y sonreír para la fotografía. Pero eso no significa que todos los asuntos estén resueltos. Y en Chihuahua hay demasiados pendientes como para conformarse con una buena fotografía. La cortesía política puede abrir puertas; ahora habrá que ver si también abre soluciones.

BONILLA PREPARA LAS MALETAS

Marco Bonilla solcitará licencia

Todo apunta a que Marco Bonilla Mendoza estaría preparando las maletas de la Presidencia Municipal de Chihuahua. La versión que corre con fuerza en los círculos políticos es que el alcalde solicitaría licencia a partir del próximo 5 de octubre, apenas unos días después de que, el primero de octubre, arranque formalmente el proceso electoral local. Y, si los tiempos se cumplen, no sería precisamente para tomarse unas vacaciones.

Bonilla tendría que meterse de lleno a su nueva responsabilidad dentro del PAN: la coordinación política estatal, una encomienda que lo coloca en el centro de la operación territorial del blanquiazul rumbo a 2027.

El propio alcalde ya había reconocido que analiza los tiempos para solicitar licencia y que las nuevas responsabilidades partidistas podrían exigirle una dedicación de tiempo completo. Así que la fecha del 5 de octubre no parece sacada de una tómbola. Llega justo después del arranque del proceso electoral y cuando el PAN pretende comenzar a mover con mayor intensidad su estructura en todo el estado.

Porque una cosa es ser coordinador político desde el escritorio de la Presidencia Municipal y otra muy distinta es andar recorriendo Chihuahua de punta a punta, municipio por municipio, levantando diagnósticos, escuchando liderazgos y armando la plataforma electoral del partido. Y ahí está precisamente la siguiente jugada.

El PAN prepara 20 foros regionales en los municipios más grandes del estado, entre octubre y noviembre, para recoger propuestas y construir la plataforma político-electoral rumbo a 2027. Traducido al lenguaje de la grilla: Bonilla necesita territorio. Mucho territorio. Porque desde Chihuahua capital no se construye una operación estatal. Y menos cuando enfrente ya hay una maquinaria de Morena que lleva meses moviendo piezas, midiendo perfiles y calentando motores para la sucesión de 2027.

Por eso, una eventual licencia tendría una lectura política inevitable: Bonilla dejaría temporalmente el gobierno municipal para dedicarse de lleno al trabajo partidista y territorial. Y, de paso, tendría el tiempo suficiente para comenzar a recorrer el estado con otra etiqueta. Ya no solamente como alcalde de Chihuahua. Ahora como uno de los principales responsables de construir la estrategia del PAN para la elección de gobernador.

Aunque formalmente todavía falten etapas, definiciones y tiempos electorales, el mensaje político ya está bastante claro. El PAN nacional nombró a Bonilla coordinador político estatal y le encargó, entre otras tareas, fortalecer la presencia territorial, sumar liderazgos y explorar posibles alianzas rumbo a 2027. Y aquí viene lo interesante.

Porque mientras Bonilla se prepara para recorrer los 67 municipios, también se habla de acercamientos con el PRI y Movimiento Ciudadano para construir una eventual alianza. No hay, hasta ahora, un acuerdo definitivo, pero las conversaciones ya forman parte de la operación política.

Así que octubre podría convertirse en el mes del desdoble panista. Bonilla dejaría la oficina del alcalde para meterse al territorio. La silla municipal quedaría en manos de quien corresponda conforme a la normatividad, mientras el alcalde con licencia comenzaría a jugar otra partida. Una partida mucho más grande. Porque una cosa es gobernar Chihuahua capital y otra intentar construir una estructura política en todo el estado.

Y esa diferencia se verá precisamente en los recorridos, los foros, las alianzas y, sobre todo, en la capacidad de convencer a quienes todavía no traen puesta la camiseta azul. El reloj electoral ya comenzó a correr. Y Marco Bonilla parece haber entendido que, para llegar a la siguiente casilla, primero hay que levantarse de la silla municipal.

EL PRI NO QUIERE MIGAJAS… PERO SÍ QUIERE LA MESA

Consejo Estatal del PRI

Pues resulta que el PRI en Chihuahua todavía respira, camina y hasta tiene Consejo Político Estatal. Este sábado, los priistas se reunieron para tomar protesta a 220 nuevos consejeros y, de paso, dejar muy claro que el tricolor no piensa llegar a la negociación con el PAN con la charola en la mano. Alex Domínguez habló fuerte y claro.

Dijo que no será empleado de ningún gobierno ni recibirá órdenes de los azules y, por si alguien no había entendido, remató con aquello de que el PRI no aceptará migajas en la negociación de una eventual alianza electoral con el PAN. ¡Ah, caray! Ahora sí se puso interesante la repartición del pastel.

Porque una cosa es ir en alianza y otra muy distinta es convertirse en invitado de piedra, de esos que llegan a la fiesta, ayudan a pagar la cuenta y cuando reparten el pastel les toca solamente la servilleta. Alex dejó claro que la negociación con Acción Nacional va por buen camino, pero que el PRI quiere algo más que aplausos, fotografías y una palmada en la espalda. Y está bien. Después de todo, si van a caminar juntos en 2027, habrá que ponerse de acuerdo en quién maneja el volante, quién va de copiloto y, sobre todo, quién decide la ruta.

Porque eso de “vamos juntos, pero aquí mando yo” suele ser una fórmula que termina produciendo divorcios políticos antes de llegar a la boleta. El dirigente priista también llamó a su militancia a salir a las calles y reencontrarse con la sociedad. La encomienda no es menor. Les pidió hablar de los gobiernos priistas y presumir los resultados que, según dijo, entregaron cuando fueron autoridad. Aquí seguramente más de uno estará pensando: “¿Y dónde estaban guardados esos resultados?”

Porque si algo tendrá que hacer el PRI es precisamente desempolvar su archivo. Y no solamente para recordar lo bueno, sino también para explicar lo malo. Pero Alex Domínguez parece dispuesto a correr ese riesgo.

Incluso reiteró que seguirá señalando a Morena como “narco-partido”, argumentando que la ciudadanía está cansada de la inseguridad y que, cuando los priistas salen a las calles, hay personas que les piden que regresen. Bueno… Si de verdad les están pidiendo que regresen, más les vale que los priistas sepan dónde dejaron las llaves de la casa. Porque una cosa es que alguien diga “regresen” y otra muy diferente es que el electorado vuelva a abrirles la puerta.

También hubo un llamado que merece atención. Alex exigió a los presidentes de los comités municipales que, donde el PRI vaya solo, seleccionen a los mejores hombres y mujeres, dejando de lado el compadrazgo, los amigos y los familiares. Eso sí suena a una auténtica prueba de fuego.

Porque durante décadas, en los partidos políticos de todos los colores, ha existido la tentación de confundir democracia con árbol genealógico. Así que habrá que ver si esta vez el discurso baja del estrado a los municipios. Porque decir “no al compadrazgo” frente a 220 consejeros es relativamente sencillo.

Lo complicado será decirle que no al compadre cuando llegue con su currículum debajo del brazo… y con la recomendación correspondiente.

En resumen, el PRI salió de su Consejo Político con el pecho inflado, dispuesto a demostrar que todavía tiene con qué competir y que, si habrá alianza con el PAN, será de iguales y no de subordinados. Ahora falta lo más importante: demostrar que tienen votos, estructura y candidatos competitivos. Porque en política las palabras pueden llenar un salón. Pero las urnas son mucho más exigentes. Y esas, por fortuna, no votan por discursos.

 

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