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Calmado PVEM, Calmado PT, calmaditos… La definición puede esperar

COMPARTE LA COLUMNA RAYOS Y CENTELLAS

por Talcual
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No hay todavía fecha para definir al defensor o defensora de la Cuarta Transformación en Chihuahua. Y por lo que se ve, aquello de ponerle fecha al asunto ya se convirtió en un asunto tan complicado como ponerse de acuerdo entre los grupos que traen la sartén por el mango.

La decisión podría prolongarse hasta finales de mes, porque Tabasco y Palacio Nacional todavía no terminan de ponerse de acuerdo. Y mientras unos hacen cuentas, otros miden fuerzas y algunos más esperan que el contrario se equivoque, la definición sigue en pausa.

Pero eso no es todo. La elección interna se ha complicado todavía más con las posturas de las dirigencias nacionales del Partido Verde Ecologista de México y del Partido del Trabajo, que ya empezaron a enseñar los dientes.

El Verde ha dejado correr la posibilidad de que, si Morena decide desechar a Cruz Pérez Cuéllar, podría tomar su propio camino y respaldarlo. Es decir, aquello de la alianza parece muy bonito… hasta que llega la hora de repartir las candidaturas y entonces cada quien empieza a recordar que también tiene intereses, estructura y aspiraciones.

El PT, por su parte, juega sus cartas del lado de Andrea Chávez, incluso con señales de querer llevarla prácticamente como propuesta propia. Así que, como diría la presidenta Claudia Sheinbaum: “Calma, calma”.

Porque entre Morena, el Verde, el PT, Tabasco, Palacio Nacional y los grupos locales, la definición del defensor de la 4T en Chihuahua parece más una negociación de alto voltaje que una simple encuesta. Y tampoco hay que sorprenderse demasiado. Los partidos aliados saben perfectamente cómo funciona el juego: presionar, tensar la cuerda y negociar posiciones.

El problema es que tampoco pueden darse el lujo de romper fácilmente con Morena. Por más que amenacen con caminar por separado, saben que buena parte de su fuerza electoral depende precisamente de esa alianza. Dicho en términos menos diplomáticos: a la gallina de los huevos de oro hay que cuidarla.

Porque una cosa es hacerse el valiente frente a Morena y otra muy distinta es descubrir, después de la ruptura, que los huevos ya no alcanzan para todos. Mientras tanto, Chihuahua sigue esperando. Y los aspirantes también.

Aunque, a estas alturas, seguramente algunos ya entendieron que en política no siempre gana el que aparece primero… sino el que logra aguantar más tiempo sentado a la mesa sin levantarse. Calma, calma. Todavía falta la última negociación.

PASTEL, QUESO Y GRILLA EN LOS DOS CACHORROS

BONILLA CON LA FAMILIA FUENTES

Pues resulta que el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla, se dejó ver este martes desde chihuahuitas tierras hasta Ciudad Juárez donde asistió al fiestononón que, año con año, le organizan a Don Valentín Fuentes. La pachanga de cumpleaños del patriarca de la adinerada familia Fuentes, como ya es tradición, tuvo como escenario el vistoso rancho “Los Dos Cachorros”, allá por Samalayuca, lugar que ha sido testigo de no pocos acontecimientos de la alta sociedad juarense.

Por ahí han desfilado prácticamente los últimos gobernadores del estado: Patricio Martínez, José Reyes Baeza, César Duarte, Javier Corral y, por supuesto, Maru Campos. Así que nadie debería sorprenderse de que en semejante fiesta se junten la crema y nata del empresariado fronterizo con los personajes de la política estatal.

Este año, desde luego, no podía faltar Marco Bonilla, quien ya trae la mira puesta en la gubernatura y aprovecha cualquier oportunidad para medir temperatura política, saludar amigos y, de paso, dejarse ver en territorio juarense. Bonilla posó para la fotografía junto al cumpleañero y, por supuesto, al lado de Adriana Fuentes, una de las integrantes de esa familia que conoce de sobra los caminos de la política y que ha navegado por el PRI, el PAN y, posteriormente, Morena. Y aquí viene el detalle que inmediatamente encendió la grilla fronteriza.

Resulta que Adriana Fuentes se ha metido como el agua al equipo de Marco Bonilla y, según los enterados, ya ocupa un espacio importante como operadora del proyecto del alcalde capitalino en Ciudad Juárez, particularmente en un terreno donde se requiere oficio y relaciones: el sector empresarial. La jugada, evidentemente, no pasó desapercibida.

Porque Adriana conoce perfectamente los pasillos de la política juarense, pero también tiene relaciones en el mundo empresarial. Y si ahora esas relaciones comienzan a ponerse al servicio del proyecto de Bonilla, pues habrá quienes consideren que alguien está cambiando de camiseta antes de que siquiera arranque oficialmente el partido. Y aquí es donde aparece el ingrediente incómodo de la historia.

Porque mientras Adriana se acerca al equipo de Bonilla, Cruz Pérez Cuéllar todavía mantiene en la nómina municipal a algunos personajes cercanos a ella, entre ellos Enrique Licón y Mireya Porras, de acuerdo con las versiones que circulan en la grilla fronteriza. Así que, mientras unos llegaron a partir el pastel, otros seguramente ya estaban partiendo el queso político.

Y es que estas fiestas empresariales tienen una característica muy mexicana: nunca falta quien diga que se trata simplemente de una celebración familiar… mientras los políticos aprovechan para saludar, los empresarios para medir fuerzas y los operadores para intercambiar teléfonos.

Porque cuando en una misma fotografía aparece Bonilla y los Fuentes, resulta difícil convencer a los malpensados de que todo se reduce a cantar “Las Mañanitas”.

En política, hasta las velitas del pastel pueden tener destinatario. Y por aquello de que nadie se confunda: una cosa es ir a una fiesta y otra muy distinta salir de ella con nuevos aliados. Pero en la grilla fronteriza ya se sabe: primero se parte el pastel… y después, si se puede, el queso.

MÉXICO, EXHIBIDO ANTE EL MUNDO

Por la razón que cada quien quiera encontrarle, México fue expuesto, o mejor dicho, desnudado públicamente por Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, ante los ojos del mundo. Y esta vez no fue mediante un “tuitazo”, ni en una conferencia de prensa, ni en alguna declaración improvisada frente a los reporteros. Fue nada menos que ante la Organización de las Naciones Unidas, frente a representantes de prácticamente todo el planeta.

Desde la tribuna de la ONU, Trump colocó a México en el centro de su discurso sobre la amenaza de los cárteles y lanzó una frase que retumbó fuerte: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles”. Añadió que resulta inaceptable para Estados Unidos compartir una frontera con un territorio que, según su descripción, está controlado por organizaciones criminales, y sostuvo que México debe recuperar el control de su territorio. Vaya manera de poner a México en el escaparate internacional.

Trump incluso comparó a los cárteles con ISIS y recordó que su gobierno los ha designado como organizaciones terroristas extranjeras. El mensaje, más que diplomático, sonó como una advertencia de hasta dónde pretende llegar Washington en su ofensiva contra el narcotráfico. Y si alguien pensaba que todo terminaría ahí, pues no.

Días antes, la administración estadounidense ya había elevado el tono al señalar problemas relacionados con la corrupción y los vínculos entre funcionarios y organizaciones criminales. Y desde la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas, Sara Carter también lanzó advertencias sobre posibles sanciones y acciones contra políticos mexicanos que, según Estados Unidos, tengan vínculos con los cárteles. Demasiada exhibición para un país que presume soberanía, control territorial y una estrategia de seguridad propia.

Claro, también hay que poner las cosas en su justa dimensión. Trump no presentó al gobierno de Claudia Sheinbaum como un enemigo de Estados Unidos. Por el contrario, en el mismo discurso aseguró que existe una buena relación con México y reconoció avances en la cooperación bilateral, además de señalar que el gobierno mexicano tampoco quiere a los cárteles. Pero el mensaje de fondo quedó ahí, enorme y difícil de ignorar.

Para Washington, el problema ya no es solamente que la droga cruce la frontera. El señalamiento apunta al control territorial que ejercen organizaciones criminales en distintas regiones de México.

Y aunque resulte incómodo reconocerlo, algunas de las preocupaciones expresadas desde Estados Unidos encuentran eco en una realidad que los mexicanos conocen de sobra: regiones donde los grupos del crimen organizado disputan territorios, controlan actividades económicas, intimidan comunidades y mantienen una capacidad de violencia que ningún gobierno debería considerar normal.

Ahí están estados como Michoacán, Zacatecas, Tamaulipas y Guerrero, entre otros, donde la violencia y la presencia de organizaciones criminales han representado durante años un desafío enorme para las autoridades. No significa que todo México esté bajo control criminal, ni que las acusaciones de Washington deban aceptarse automáticamente como verdades absolutas. Pero tampoco sirve esconder la realidad debajo de la alfombra.

Porque una cosa es defender la soberanía nacional —algo absolutamente legítimo— y otra muy diferente es pretender que los problemas de seguridad desaparecen porque alguien los califica como “injerencia extranjera”. Trump habló ante el mundo y puso el dedo en una herida que México lleva años intentando cerrar.

Ahora toca al gobierno mexicano demostrar, con resultados y no solamente con discursos, que el territorio nacional pertenece a los mexicanos y que la autoridad del Estado no se negocia con ningún grupo criminal. Porque si algo quedó claro después del discurso de Trump es que el mundo está mirando a México. Y cuando el mundo mira, ya no hay manera de esconderse detrás de la cortina.

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