Ahora sí que en el Partido del Trabajo se les juntó la chamba. La decisión de Morena de colocar a Andrea Chávez Treviño como coordinadora de los trabajos de la Cuarta Transformación en Ciudad Juárez, y con ello perfilarla para la candidatura a la Alcaldía en 2027, movió nuevamente las piezas del tablero político chihuahuense.
Y al PT le tocó bailar con la más fea. Porque el partido no solamente tiene que acomodarse a la nueva realidad política que dejó la definición de Cruz Pérez Cuéllar para encabezar los trabajos rumbo a la gubernatura, sino que además arrastra desde hace meses sus propias diferencias internas. Y ahí aparecen, inevitablemente, las hermanas Aguilar.
Lilia Aguilar había jugado abiertamente sus cartas a favor de Andrea Chávez. Antes de la definición estatal, la dirigente petista incluso había colocado al PT del lado de la senadora con licencia y cuestionó los resultados que terminaron favoreciendo a Cruz. Pero el tablero cambió.
Andrea quedó fuera de la carrera por la gubernatura y, como una especie de compensación política, Morena terminó colocándola en Ciudad Juárez, donde ahora aparece como el perfil que podría encabezar la candidatura guinda por la Presidencia Municipal. Y ahí viene lo interesante. ¿Qué hará el PT?
Porque una cosa es respaldar a Andrea para la gubernatura y otra muy distinta es acompañarla ahora en la pelea por la Alcaldía juarense. Aunque, por lo pronto, Lilia ya dio una señal: tras conocerse la designación, respaldó públicamente a Andrea y negó que exista un rompimiento del PT con Morena.
Así que aquella amenaza de que el PT podría tomar otro camino si Andrea no era la elegida para Chihuahua parece haber entrado, cuando menos, en la etapa de las letras chiquitas. Y es que en política una cosa es lo que se dice cuando las candidaturas están en el aire y otra muy distinta cuando ya están repartidas. Pero el asunto tiene todavía otro ingrediente.
América Aguilar, hermana de Lilia, había mostrado públicamente su respaldo a Cruz Pérez Cuéllar durante la contienda interna. De hecho, sostuvo que buena parte de la militancia petista se inclinaba por el proyecto del hoy coordinador estatal.
Claro, hay que ponerle asterisco al asunto: América dejó formalmente las filas del PT desde enero de este año, aunque políticamente ha mantenido posiciones cercanas a ese grupo y su respaldo a Cruz fue público. Lilia, incluso, salió a marcar distancia y aclaró que su hermana ya no representa al partido. Pero el simbolismo ahí está. Dos hermanas. Dos posiciones. Dos proyectos. Y una misma familia política.
Lilia con Andrea. América con Cruz. Y en medio, el PT tratando de explicar que todo está perfectamente alineado. Ajá. Como dirían por ahí: nada que preocuparse, todo bajo control.
Lo cierto es que Cruz ya hizo su parte. Tras la designación de Andrea en Juárez, salió públicamente a reconocerla y llamó a cerrar filas para trabajar por la Cuarta Transformación. Ahora falta ver qué tan rápido se acomoda el resto de la maquinaria. Porque si algo ha demostrado la política chihuahuense en este proceso es que las alianzas pueden durar exactamente lo que dura una candidatura.
Hoy se pelea por una gubernatura; mañana se negocia una Alcaldía; pasado mañana todos aparecen sonrientes en la misma fotografía hablando de unidad, transformación y proyecto de nación. Y el PT, que durante meses marcó distancia con Cruz y apostó sus fichas por Andrea, tendrá que decidir cómo aterriza en la nueva realidad.
Por ahora, Lilia parece haber optado por mantener el puente con Morena y respaldar a Andrea en Juárez. Así que habrá que dejar que avance la carreta y esperar a que las calabazas terminen de acomodarse.
Aunque tampoco hace falta ser brujo para saber que, cuando llegan las definiciones, los partidos suelen encontrar la manera de acomodarse donde puedan conservar espacios, posiciones y capacidad de negociación. Y en Chihuahua, el PT todavía tiene varias cuentas por hacer. Porque una cosa es cambiar de rumbo… y otra, muy distinta, es explicar cuánto costó el viraje.
¿Y LA DEMOCRACIA, PROFE CHAPARRO?

El profe Chaparro!
Por cierto, el que anda echando chispas —y no precisamente de felicidad— es el profesor Martín Chaparro, fundador de Morena y exdirigente estatal del partido, quien se quedó fuera de la contienda por la Coordinación Estatal de Defensa de la Cuarta Transformación. Y vaya que el llamado “profe” no se guardó nada.
Chaparro salió a cuestionar con dureza a la dirigencia nacional de Morena por las decisiones tomadas en Chihuahua y, particularmente, por la designación de Cruz Pérez Cuéllar para encabezar el proyecto estatal y de Andrea Chávez para la candidatura municipal en Ciudad Juárez.
Para el fundador morenista, lo que durante meses se vendió como democracia interna, encuestas y piso parejo terminó oliendo, según su propia expresión, a “dedazo”. De hecho, así calificó la designación de Andrea y acusó que Morena está repitiendo las prácticas que durante años criticó al PRI y al PAN. ¡Ah, caray!
Resulta que el profe sí se acordó de los principios. Porque cuando todos estaban en campaña para vender la idea de que ahora sí habría democracia, transparencia, encuestas confiables y participación de las bases, parecía que Morena había descubierto la fórmula mágica para hacer política sin hacer política.
Pero llegó septiembre… Y luego octubre. Y aparecieron las definiciones. Primero Cruz. Después Andrea. Y entonces algunos comenzaron a descubrir que aquello de la democracia interna tenía, cuando menos, algunas letras chiquitas.
Eso sí: hay que reconocer que Chaparro no solamente cuestionó la designación de Andrea. También sostiene que Cruz no ganó realmente las encuestas, pese a que Morena difundió oficialmente una medición en la que el juarense obtuvo 8.5 puntos frente a 1.5 de Andrea.
Ahí está precisamente el meollo del asunto. Una cosa son los resultados que presenta la dirigencia. Otra, la interpretación que hacen los inconformes. Y una tercera, bastante más sabrosa, es la confianza que tengan las bases en el procedimiento.
Chaparro asegura que el proceso no fue transparente y que las reglas cambiaron sobre la marcha. Y en el caso de Andrea, su reclamo es todavía más fuerte: cuestiona que su designación para Ciudad Juárez haya ocurrido sin una convocatoria y una metodología previa que permitiera medir a los aspirantes.
En otras palabras, el profe está preguntando algo bastante incómodo: ¿Dónde quedó la encuesta? Y, sobre todo: ¿Dónde quedó aquella Morena que presumía que las decisiones ya no se tomaban en lo oscurito?
Porque resulta que el partido que llegó a la política prometiendo acabar con el “dedazo” ahora tiene a uno de sus fundadores denunciando precisamente eso. ¡Qué cosas tiene la política! Antes eran los otros. Ahora son ellos. Antes se denunciaba que las cúpulas repartían candidaturas.
Ahora resulta que las bases tienen que enterarse de las decisiones cuando ya están cocinadas, servidas y hasta con postre. Y mientras tanto, los militantes de a pie aplaudiendo desde la tribuna. Eso sí, con entusiasmo revolucionario.
Chaparro también pone sobre la mesa otro asunto que seguramente no gustará demasiado en Palacio Nacional —ni en las oficinas de Morena—: la llegada de los llamados “arribistas” a espacios que, según los fundadores, deberían corresponder a quienes construyeron el movimiento desde abajo. Y ahí sí, el reclamo pega donde duele.
Porque Morena nació precisamente denunciando que los partidos tradicionales estaban secuestrados por grupos, caciques, familias políticas y decisiones cupulares. La promesa era diferente. No mentir. No robar. No traicionar. Y, sobre todo, no hacer lo mismo que aquellos a quienes se combatía.
Pero ahora uno de los fundadores sale a decir que Morena está reproduciendo las viejas prácticas. La vieja política… con nuevo logotipo.
Y quizá por eso el reclamo de Chaparro resulta más incómodo que el de cualquier adversario externo. Porque no viene del PAN. Ni del PRI. Ni de Movimiento Ciudadano. Viene de alguien que estuvo ahí desde el principio. Del que ayudó a construir la casa y ahora está preguntando quién cambió las cerraduras.
Eso sí, habrá que ver hasta dónde llega el enojo del profe. Porque en Morena todavía falta mucho camino rumbo a 2027 y, como ya quedó demostrado, las definiciones pueden venir acompañadas de discursos de unidad, llamados a cerrar filas y fotografías donde todos sonríen como si aquí nunca hubiera pasado nada. Así funciona la política. Primero se pelean. Luego negocian. Después se abrazan.
Y finalmente todos aseguran que siempre estuvieron del mismo lado. Mientras tanto, Chaparro parece decidido a seguir preguntando por la democracia que Morena prometió. La pregunta es si alguien le va a contestar. O si, como suele ocurrir en estos casos, le van a decir que tenga paciencia… que la democracia viene en camino. Nomás que se quedó atorada en la caseta.
SE MUEVE EL GABINETE DE MARU

Y finalmente, la gobernadora María Eugenia Campos confirmó lo que ya se venía cocinando en los pasillos de Palacio: en los próximos días comenzarán a moverse las piezas de su gabinete, principalmente porque varios funcionarios ya traen la mira puesta en el 2027.
Y cuando los funcionarios comienzan a desempolvar el currículum político, uno ya sabe que las renuncias vienen en camino.
Por lo pronto, en la primera lista aparece Santiago de la Peña, secretario general de Gobierno y uno de los nombres que mantiene la intención de buscar la candidatura a la Alcaldía de Chihuahua.
Así que al secretario le tocará decidir cuándo cambia el escritorio de Palacio por la talacha electoral. Porque una cosa es operar desde el gobierno y otra muy distinta andar tocando puertas, levantando simpatías y haciendo política con el reloj electoral encima.
Otro que aparece en la lista es José Granillo, secretario de Hacienda, quien tendría puesta la mira en una candidatura a diputación. Y claro, también aparece Fernanda Martínez, directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud, quien buscaría brincar a una regiduría o, si se acomodan las calabazas, a una diputación local.
Pero ojo, porque la lista no está cerrada. Ni de cerca. Con el proceso electoral de 2027 arrancando motores, seguramente veremos más renuncias y, detrás de ellas, más movimientos políticos. Porque en estos tiempos nadie abandona una secretaría simplemente porque amaneció con ganas de cambiar de oficina.
Cuando un funcionario deja el cargo justo cuando comienza el proceso electoral, normalmente hay una candidatura rondando, un equipo que necesita reforzarse y una estructura que empieza a armarse. Y ahí está precisamente lo interesante. Las primeras renuncias serán solamente la punta del iceberg.
Detrás vendrán asesores, subsecretarios, directores, operadores y colaboradores que seguramente comenzarán a tomar partido por uno u otro proyecto. Porque las candidaturas no se construyen solamente con discursos y fotografías. También necesitan equipo. Y el equipo, como bien saben los políticos, no se arma de un día para otro.
Por eso las salidas del gabinete de Maru Campos serán una de las primeras señales visibles de que el 2027 ya comenzó a jugarse en serio.
Mientras unos todavía dicen que “no son los tiempos”, otros ya están haciendo cuentas, midiendo territorios y preguntando quién se va con quién. La clásica. “Todavía no son los tiempos”… Pero ya tienen hasta el grupo de WhatsApp.
Y seguramente en Palacio ya están haciendo la lista de quiénes se quedan, quiénes se van y, sobre todo, quiénes se van con quién. Porque una cosa es renunciar al cargo. Y otra muy diferente es renunciar al proyecto político. Así que habrá que estar atentos.
En los próximos días comenzará el desfile de funcionarios con aquello de: “Es una decisión personal”. “Voy a emprender un nuevo proyecto”. “Quiero seguir sirviendo a Chihuahua desde otra trinchera”. Sí, cómo no. Y mientras tanto, la maquinaria azul comenzará a aceitarse rumbo al 2027. Porque ahora sí, aunque algunos todavía quieran jugar a las escondidas, el tablero electoral ya está sobre la mesa. Y en Chihuahua, las primeras piezas del gabinete de Maru están a punto de comenzar a moverse. Que empiece el desfile.



