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¡SE LE VIENE LA NOCHE A CÉSAR JÁUREGUI!

por Talcual
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Hasta el cierre de esta columna, seguía siendo una incógnita lo ocurrido en la audiencia inicial del exfiscal César Jáuregui Moreno. El asunto se manejaba bajo reserva, sin acceso para los medios de comunicación ni para el público, como si detrás de las puertas del juzgado se estuviera escribiendo uno de los capítulos más delicados de la política chihuahuense.

Y vaya que el argumento para mantener el hermetismo llamó la atención: la existencia de temas que podrían afectar las relaciones internacionales de México con otros países. ¡Sopas! Si de por sí el expediente ya pintaba complicado, ahora resulta que la madeja podría tener ramificaciones mucho más delicadas de las que se conocían públicamente.

La audiencia estaba programada originalmente para las ocho de la mañana, pero el juez determinó cambiarla para las nueve de la noche, con el propósito de dar tiempo a la defensa de Jáuregui para revisar las carpetas de investigación. Una jornada larga, de esas en las que los abogados no pueden darse el lujo de pestañear, porque cualquier detalle podría cambiar el rumbo del caso.

Pero aguas,  porque la verdadera dimensión del asunto no necesariamente está en el discurso político que ha rodeado al exfiscal, sino en las acusaciones que finalmente puedan sostenerse ante un juez.

Durante los últimos días, la expresión traición a la patria se ha convertido en una de las frases más repetidas alrededor del caso. Sin embargo, una cosa es el estribillo político y otra muy distinta es lo que pueda acreditarse dentro de un expediente judicial. Las palabras pueden hacer mucho ruido en las tribunas, pero en los tribunales se necesitan hechos, pruebas y argumentos jurídicos.

Y ahí está precisamente el meollo del asunto: si existen otras líneas de investigación y posibles delitos de mayor calado, como ha señalado la presidenta Claudia Sheinbaum, entonces el caso podría ir mucho más allá de la etiqueta que se ha utilizado para alimentar la discusión pública.

Por ahora, las versiones y especulaciones siguen circulando, pero habrá que esperar a que las autoridades den a conocer información verificable. Lo que sí queda claro es que, si aparecen nuevas imputaciones y existen elementos para sustentarlas, la situación jurídica del exfiscal podría complicarse todavía más.

Y mientras tanto, en el panismo chihuahuense seguramente más de uno debe estar haciendo cuentas, porque César Jáuregui no es un personaje cualquiera. Fue fiscal general del Estado, formó parte del círculo político de la gobernadora María Eugenia Campos Galván y, hasta antes de que estallara este asunto, su nombre también figuraba en las conversaciones sobre el futuro político de Chihuahua.

La gobernadora conoce la relevancia política e institucional de quien fuera uno de sus colaboradores más importantes. Más allá de amistades, lealtades, diferencias o aspiraciones electorales, el asunto representa un desafío que podría alcanzar a todo su entorno político.

Eso no significa anticipar responsabilidades ni dar por probadas acusaciones que todavía deben esclarecerse. Pero sí obliga a reconocer que el costo político de este expediente podría ser considerable, especialmente si las investigaciones alcanzan terrenos que hasta ahora permanecen fuera del conocimiento público.

Y es que una cosa es enfrentar una crisis de comunicación y otra muy distinta tener que responder por las consecuencias de una investigación judicial. La primera puede intentarse contener con declaraciones y control de daños; la segunda depende de lo que las autoridades logren acreditar.

Por lo pronto, la incertidumbre es el ingrediente principal de esta historia. El hermetismo alimenta las sospechas, las versiones se multiplican y el ambiente político se carga cada vez más. Pero cuidado: ni las filtraciones sustituyen a las pruebas ni las consignas políticas equivalen a una sentencia.

Lo cierto es que a César Jáuregui se le viene una noche larga, políticamente hablando, y quizá también judicialmente. Si las nuevas acusaciones son tan delicadas como se ha insinuado, apenas estaríamos viendo el primer capítulo de una historia que podría prolongarse durante meses o años.

En Chihuahua, donde la sucesión de 2027 ya comenzó a mover ambiciones, alianzas y lealtades, este expediente amenaza con convertirse en algo más que un asunto de tribunales.

¡LOS PANISTAS SACAN LAS UÑAS POR JÁUREGUI!

SE MANIFIESTAN A FAVOR DE JAUREGUI

AYER, un grupo de panistas identificados con el proyecto político del exfiscal César Jáuregui Moreno se plantó en las instalaciones del Comité Directivo Estatal del PAN para exigirle a la dirigente estatal, Daniela Álvarez, que saque la casta y asuma una defensa más enérgica de quien, hasta hace poco, era uno de los personajes centrales del panismo chihuahuense.

¡Vaya momento para pedir solidaridad partidista! Porque una cosa es cerrar filas cuando todo marcha sobre ruedas y otra muy distinta hacerlo cuando uno de los propios enfrenta un complicado escenario judicial.

Pero los inconformes no se quedaron con las ganas. Antes, prácticamente el mismo grupo había acudido a Ciudad Judicial para exigir que el exfiscal pudiera enfrentar su proceso en casa. Incluso se habló de juntar mil 500 firmas para respaldar su liberación.

Y bueno, nadie les puede negar el derecho a manifestarse. La solidaridad con un compañero de partido es entendible y hasta generosa, sobre todo cuando se trata de alguien que compartió responsabilidades, decisiones y proyectos políticos con buena parte de la familia azul.

Por más pancartas que levanten, consignas que griten y firmas que acumulen, las protestas locales tienen un margen muy limitado cuando las decisiones fundamentales se toman en los tribunales y las instancias correspondientes, lejos del escenario político chihuahuense.

Dicho de otra manera: pueden hacer ruido en Chihuahua, pero eso no significa que el eco llegue con la misma fuerza hasta el Altiplano, donde se juega buena parte de esta partida.

Y es que las firmas pueden demostrar respaldo político, las manifestaciones pueden mandar un mensaje de unidad y los discursos pueden servir para alimentar la narrativa partidista, pero ninguno de esos recursos sustituye los argumentos jurídicos ni obliga a un juez a resolver en determinado sentido.

Porque si algo queda claro con estas movilizaciones es que hay panistas que no están dispuestos a dejar solo a Jáuregui, aunque también habrá que preguntarse cuántos de los que hoy levantan la voz estarán presentes si el panorama judicial se complica todavía más.

En política, las lealtades suelen medirse precisamente en las horas difíciles. El problema es que también hay quienes prefieren esperar a conocer el desenlace antes de decidir de qué lado de la fotografía quieren aparecer.

Si endurece el discurso, corre el riesgo de que sus declaraciones se interpreten como una presión política sobre un asunto judicial; si mantiene la prudencia, los inconformes pueden acusarla de tibieza y de abandonar a uno de los suyos.

Vaya dilema para la dirigente estatal, especialmente cuando el PAN necesita presentarse unido y concentrado en la batalla política rumbo a 2027.

Porque, mientras los azules intentan construir un proyecto competitivo para recuperar terreno, el caso Jáuregui amenaza con convertirse en una prueba de lealtad interna y, al mismo tiempo, en una fuente de desgaste para el partido.

Por lo pronto algunos panistas de Chihuahua capital ya hicieron su parte: se manifestaron, levantaron la voz y pusieron sobre la mesa su exigencia de respaldo. Ahora falta ver qué responde la dirigencia y, sobre todo, qué efectos reales puede tener esa presión.

Porque una cosa es defender políticamente a un compañero y otra muy distinta pretender que una movilización partidista cambie el curso de un proceso judicial.

¡JUAN BLANCO QUIERE PONER AL PAN EN PAUSA POR JÁUREGUI!

JUAN BLANCO CON CESAR

Y por si no fuera suficiente con el ruido político que ya provoca el caso del exfiscal César Jáuregui Moreno, ahora resulta que el exalcalde Juan Blanco Saldívar salió con una propuesta que amenaza con meterle todavía más piedras al camino del panismo chihuahuense: suspender la elección del candidato a la Presidencia Municipal de Chihuahua hasta que Jáuregui recupere su libertad.

¡Sopas! Como si el calendario electoral tuviera que pedirles permiso a los expedientes judiciales para seguir avanzando.

La propuesta de Juan Blanco, desde luego, puede interpretarse como una muestra de solidaridad con quien fuera uno de los personajes fuertes del PAN en Chihuahua. Sin embargo, también abre un frente político innecesario en un partido que ya tiene suficiente tarea con la definición de sus candidaturas rumbo a 2027.

Porque una cosa es respaldar a un compañero en desgracia y otra muy distinta pretender que toda la maquinaria electoral blanquiazul se detenga hasta que se resuelva su situación jurídica.

César Jáuregui podría conservar sus derechos políticos mientras no exista una resolución que legalmente se los restrinja, dependiendo de las circunstancias y de lo que determinen las autoridades competentes. Pero tener derechos políticos no significa, automáticamente, estar en condiciones reales de competir por una candidatura.

La diferencia parece sencilla, pero en la grilla partidista algunos prefieren hacerse de la vista gorda.

¿De verdad el PAN debería congelar sus decisiones hasta que el exfiscal quede en libertad? ¿Y si el proceso se prolonga durante meses? ¿Y si se extiende por años? ¿Quién garantiza que habrá una fecha próxima para resolver el asunto?

Porque los procesos judiciales no se ajustan a los tiempos de las campañas ni a las necesidades de los aspirantes. Y si algo puede salir caro en política es quedarse esperando mientras los adversarios avanzan.

Y eso no parece precisamente una estrategia ganadora.

Antes de hacer cuentas alegres sobre una eventual candidatura del exfiscal, primero habrá que conocer con precisión las imputaciones, la gravedad de los delitos que se le atribuyan, los elementos que las autoridades presenten y las medidas cautelares que finalmente se determinen.

No es lo mismo enfrentar una investigación en libertad que permanecer recluido mientras avanza un proceso penal. Las condiciones personales, jurídicas y políticas cambian por completo el panorama de cualquier aspiración electoral.

Por ahora, mientras no se conozcan todos los detalles del expediente y las resoluciones correspondientes, cualquier pronóstico sobre el futuro político de Jáuregui corre el riesgo de quedarse en mera especulación.

La dirigencia de Daniela Álvarez necesita ordenar sus tiempos, medir a sus aspirantes y definir una estrategia competitiva para la capital del estado. No puede darse el lujo de convertir una candidatura en rehén de una situación jurídica cuyo desenlace nadie puede anticipar.

Claro, tampoco se trata de abandonar a Jáuregui ni de dar por terminada su carrera política antes de tiempo. Se trata de entender que la solidaridad partidista y la planeación electoral son asuntos distintos, aunque en ocasiones terminen chocando de frente.

Juan Blanco puede pedir que esperen; los simpatizantes de Jáuregui pueden exigir que lo respalden, y la dirigencia puede expresar su solidaridad. Pero al final alguien tendrá que tomar decisiones y asumir sus consecuencias.

Porque mientras los azules discuten si deben esperar a que Jáuregui quede en libertad, Morena y los demás partidos seguirán moviendo sus piezas, construyendo alianzas y preparando sus candidaturas.

Y en una contienda electoral, quedarse inmóvil también tiene consecuencias.

Por lo pronto, el caso del exfiscal ya no solamente pone a prueba la solidaridad de sus compañeros, sino también la capacidad de la dirigencia panista para distinguir entre una causa política y una estrategia electoral viable.

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