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Centinela: Ahora le toca hablar con resultados

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por Talcual
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Finalmente,  este día Ciudad Juárez será escenario de la inauguración de la Torre Centinela, uno de los proyectos de seguridad más ambiciosos —y también más controvertidos— de la administración de María Eugenia Campos.

La obra, que representa una inversión cercana a los cuatro mil millones de pesos entre infraestructura, tecnología e inteligencia, llega a su estreno después de retrasos, cuestionamientos y una polémica que durante meses puso bajo la lupa el costo y los alcances del proyecto. Pero una vez cortado el listón, se acabaron las explicaciones. Ahora comienza la verdadera prueba. Porque una torre puede ser monumental, los sistemas tecnológicos pueden ser sofisticados y la inversión puede alcanzar cifras históricas, pero la seguridad no se mide en metros cuadrados, pantallas ni millones de pesos. Se mide en calles más tranquilas, en delitos que no se cometen, en delincuentes que son detenidos y, sobre todo, en ciudadanos que puedan salir de sus casas sin vivir con miedo.

Ese será el verdadero examen para Centinela.

La gobernadora María Eugenia Campos encabezará la inauguración acompañada de invitados especiales. Y si finalmente se confirma la ausencia de funcionarios federales y legisladores de Morena, inevitablemente aparecerá la lectura política. Tampoco sería extraño.

Morena y el gobierno estatal han mantenido diferencias políticas en prácticamente todos los temas importantes. Sin embargo, esta vez el asunto tiene una particularidad: La seguridad no debería tener colores partidistas. Los ciudadanos no preguntan si una estrategia de seguridad es panista, morenista o de cualquier otro partido. Preguntan si funciona. Y ahí estará precisamente el reto para el Gobierno del Estado.

Los casi cuatro mil millones de pesos deberán convertirse en resultados concretos. Centinela tendrá que demostrar que no fue solamente una obra monumental, ni una apuesta tecnológica, ni mucho menos un proyecto destinado a convertirse en bandera política de la administración estatal. Deberá demostrar que puede prevenir, investigar, reaccionar y combatir de manera efectiva a quienes mantienen bajo presión a Chihuahua.

Porque después de la inauguración vendrá lo más difícil: rendir cuentas con resultados. Y en ese terreno ya no bastarán las presentaciones, los discursos ni las fotografías del acto inaugural. Centinela tendrá que hablar. Pero tendrá que hacerlo con el único lenguaje que los ciudadanos realmente entienden: resultados.

EL PAN: LA CASA DONDE SOBRAN ASPIRANTES Y FALTAN SILLAS

JUAN BLANCO Y CÉSAR JÁUREGUI

TAL CUAL se había anticipado, el exalcalde capitalino Juan Blanco Saldívar dejó de ser el jefe de Carreteras Estatales. Y no, por lo que cuentan los enterados, no fue precisamente porque haya encontrado una mejor oferta laboral ni porque de pronto le haya entrado el espíritu aventurero.

Según información que circula en los pasillos del Gobierno del Estado, la salida de Blanco tendría una explicación bastante más política: se habría abierto públicamente al proyecto de César Jáuregui Moreno, quien busca convertirse en candidato del PAN a la Presidencia Municipal de Chihuahua. ¡Qué raro!

En estos tiempos de democracia interna, parece que algunos panistas descubrieron que hay libertad para pensar… siempre y cuando se piense lo mismo que Palacio. Cuentan que la gobernadora María Eugenia Campos ya le había mandado un mensaje muy claro al exalcalde: menos grilla y más trabajo y no entendió.

El problema es que en el PAN parece que la grilla ya es parte de la descripción del puesto. Y mientras unos reciben el consejo de “ponerse a trabajar”, otros hacen cuentas, levantan la mano y comienzan a medir sus posibilidades para el 2027.

Por lo pronto, los golpeteos entre los aspirantes a la alcaldía de Chihuahua están subiendo de intensidad. Ya no parece una contienda interna; parece campeonato de barrio, con la diferencia de que aquí los golpes son políticos y los madrazos se dan por debajo de la mesa.

El caso de César Jáuregui resulta particularmente interesante, pues sus diferencias con la mandataria son cada vez más evidentes. Y si a eso se suma que algunos de sus simpatizantes empiezan a moverse públicamente, pues seguramente en Palacio no están precisamente organizando una fiesta de bienvenida.

Algo similar ocurrió con Rafa Loera, quien también dejó la Secretaría de Desarrollo Humano. Dos salidas que, casualmente, se producen mientras ambos personajes son mencionados dentro de la baraja panista rumbo a la sucesión municipal. ¡Qué coincidencias tan convenientes!

Y mientras tanto, todo apunta a que el PAN chihuahuense atraviesa una de sus etapas de mayor división interna. Porque mientras los panistas hablan de unidad, cada quien jala la cobija hacia su propia candidatura.

El nombre que sigue apareciendo en las conversaciones es el de Santiago de la Peña, actual secretario general de Gobierno, a quien sus adversarios ya colocan como el candidato que desde Palacio quieren impulsar para la alcaldía capitalina.

Si esa versión termina por confirmarse, entonces habrá que reconocer algo: la elección interna del PAN podría resultar muy sencilla. Se presenta un candidato. Se levanta la mano. Se toma la fotografía. Y después se les explica a los demás aspirantes aquello de que “la unidad del partido está por encima de los intereses personales”. Por supuesto.

Mientras tanto, Jáuregui, Loera y compañía tendrán que decidir si juegan con esas reglas o si siguen construyendo su propio camino. Lo cierto es que el PAN tiene tantos aspirantes para la alcaldía que ya sólo falta que comiencen a cobrar boletos para entrar al ring. Y todavía falta mucho para el 2027.

Si así están ahora, imagínese cómo se van a poner cuando llegue la hora de repartir las candidaturas. Porque una cosa sí parece segura: En Acción Nacional todavía no empieza oficialmente la batalla… y ya están volando las sillas.

EL NUDO DE MORENA EN CHIHUAHUA

ANDREA CHÁVEZ Y CRUZ PÉREZ CUÉLLAR

El verdadero atorón de la dirigencia nacional de Morena para definir al defensor o defensora de la Cuarta Transformación en Chihuahua podría tener una explicación bastante sencilla: la senadora con licencia Andrea Chávez estaría arriba de Cruz Pérez Cuéllar en las encuestas. Y ahí es donde la famosa unidad de Morena comienza a parecerse más a una reunión familiar en la que todos quieren escoger el menú.

Porque si el asunto fuera solamente estadístico, bastaría con mirar los números, levantar la mano del puntero y asunto arreglado. Pero en Morena, como bien saben los que conocen sus entrañas, las encuestas son importantes… hasta que dejan de ser convenientes.

El problema adquiere otra dimensión por la presión del llamado grupo Tabasco, con el senador Adán Augusto López como uno de sus principales referentes y con Andrés Manuel López Obrador todavía como figura política de enorme influencia dentro del movimiento. Y mientras tanto, Ariadna Montiel, presidenta nacional de Morena, tiene enfrente una auténtica papa caliente.

Porque la decisión, según las versiones que circulan, no estaría únicamente en sus manos. Y si realmente existiera un acuerdo político perfectamente amarrado, Chihuahua ya habría aparecido entre las primeras definiciones del 28 de agosto. Pero no apareció. Y tampoco parece haber mucha prisa por anunciarlo.

Montiel asegura que hay tiempo suficiente para tomar la decisión. Cierto. Tiempo hay. Lo que quizá no hay es un acuerdo que deje contentos a todos. Porque, de acuerdo con las versiones que circulan dentro del propio partido, Claudia Sheinbaum, Ariadna Montiel y Ricardo Monreal se habrían inclinado por Cruz Pérez Cuéllar.

El pequeño detalle —y vaya que es un detalle— es que los números no necesariamente estarían acompañando esa decisión. Ahí está el verdadero nudo.

Morena necesita encontrar la fórmula para conciliar a Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, pero ninguno de los dos grupos parece tener demasiadas ganas de regalar la plaza. Y es comprensible. Si Andrea aparece arriba en las preferencias, su equipo difícilmente aceptará que una negociación política le quite la candidatura.

Y si finalmente la decisión favorece a Cruz, habrá que esperar la reacción del grupo que respalda a la senadora. Porque en política, el problema no es solamente escoger al ganador; a veces lo verdaderamente complicado es convencer al que perdió de que, en realidad, también ganó. Y ahí Morena tiene experiencia.

Las encuestas, por supuesto, son presentadas como la voz de los ciudadanos, como una especie de moderno oráculo electoral. El problema es que todos los partidos saben que una encuesta también puede servir para construir percepción, medir fuerzas y, en determinado momento, justificar una decisión política. Por eso habrá que mirar con lupa los próximos números. Si Andrea Chávez mantiene la ventaja, la presión sobre la dirigencia nacional aumentará. Si Cruz Pérez Cuéllar logra remontar, el argumento de quienes lo impulsan cobrará fuerza. Pero si los números siguen divididos, entonces quedará demostrado que el verdadero empate no está en las encuestas, sino en los grupos políticos.

Hay un antecedente que tampoco debe olvidarse. Cruz Pérez Cuéllar no es precisamente un político que se caracterice por aceptar con entusiasmo las derrotas internas. Hace cinco años ya vivió una historia parecida, cuando compitió dentro de Morena y terminó imponiéndose a Juan Carlos Loera en aquella contienda interna, aunque finalmente no obtuvo la candidatura que buscaba. La salida fue ofrecerle la candidatura a la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez. Y vaya que funcionó. El alcalde juarense se mantuvo vigente y construyó desde ahí su proyecto político.

Ahora el tablero es distinto. Ya no parece existir un premio de consolación suficientemente atractivo para quien resulte derrotado. Porque tanto Andrea Chávez como Cruz Pérez Cuéllar tienen aspiraciones mayores y, sobre todo, tienen grupos políticos detrás que tampoco parecen dispuestos a salir con las manos vacías. Así que Ariadna Montiel tiene frente a sí una decisión que va mucho más allá de anunciar un nombre. Tendrá que encontrar una salida que no fracture a Morena en Chihuahua, que sea defendible frente a las encuestas y que, al mismo tiempo, no provoque una rebelión del grupo que termine sintiéndose desplazado. Y ahí está lo complicado. Porque escoger al candidato puede ser relativamente fácil. Lo verdaderamente difícil será convencer al derrotado de que no perdió.

Y mientras Morena encuentra esa fórmula mágica, el reloj electoral sigue avanzando y los aspirantes siguen haciendo campaña… aunque todavía no tengan permiso oficial para decir que están haciendo campaña. Así las cosas, en Chihuahua la Cuarta Transformación parece estar buscando a su defensor, pero primero tendrá que encontrar quién pueda defender la decisión que se tome.

 

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