El crimen del joven universitario Gael González; Una historia de impunidad en Chihuahua

El crimen invisibilizado en Santa María de Cuevas.

por Talcual
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La noche estaba en silencio en Santa María de Cuevas, municipio de Belisario Domínguez. La familia dormía. Eran alrededor de las 10:20 cuando la puerta fue violentada.

No fue un robo ni una confusión menor. Fue un grupo de hombres armados, encapuchados, vestidos con indumentaria similar a la militar, que irrumpió sin aviso en una vivienda de la comunidad asolada por el crimen y la falta de autoridad.

Ahí estaba Gael González, de 18 años. En cuestión de segundos, la casa se convirtió en un escenario de terror. La madre y sus hijos fueron obligados a hincarse. Las armas largas apuntaban. Los gritos, las amenazas, el desconcierto.

A Gael lo tiraron al suelo, recuerdan sus familiares de aquella noche negra del 12 de enero.

“Él les decía que no había hecho nada”, recuerda su madre. Pero no escucharon, ni le dieron más razones para llevárselo violentamente.

De acuerdo con su testimonio, al menos cuatro de los agresores lo sometieron directamente, apuntándole con armas largas mientras lo mantenían boca abajo, inmovilizado.

La escena, según describe, fue aún más desgarradora: mientras ella intentaba acercarse para ayudar a su hijo, uno de los hombres la amenazó de muerte y le advirtió que no se moviera, incluso amagando con incendiar la vivienda.

Detrás de ella, su hija también fue obligada a hincarse. La madre, en un intento desesperado por protegerla, la empujaba hacia atrás, temiendo que cualquier movimiento provocara una agresión.

En otra habitación, un niño de apenas 9 años permanecía hincado, paralizado por el miedo, desconcertado y urgido del consuelo y la protección materna, que la mujer no podía brindarle.

Pero Gael era el objetivo, las demás víctimas colaterales de tan irracional ataque. “Yo quería llegar con él, salvarlo… pero no pude”, expresa.

Cinco hombres lo rodearon, lo sometieron y se lo llevaron. La familia no pudo hacer nada. Cada intento de acercarse era respondido con amenazas, mientras mantenían las armas con el dedo en el gatillo. La escena quedó marcada por el miedo, la impotencia y la violencia ejercida por los sicarios, como muestran las puertas y otras partes de la casa.

Los agresores huyeron en al menos dos vehículos, uno gris y otro rojo. La oscuridad volvió. El silencio regresó, porque ningún medio de comunicación dió cuenta de ello.

Horas después, autoridades acudieron al lugar. Tomaron declaraciones, hicieron preguntas, llenaron el Informe Policial Homologado, más por trámite que por verdadera investigación, pues a las horas ya no dieron más respuestas sobre qué grupo pudo ser el responsable de la agresión.

Al día siguiente, su cuerpo fue localizado sin vida en las alrededores de Tutuaca, otra población del municipio, en la carretera que conduce a San Francisco de Borja y Nonoava.

Tenía 18 años. Era estudiante. Había ingresado recientemente a la universidad en la ciudad de Chihuahua. Había regresado a su comunidad para pasar unos días con su familia y apoyar a su padre, agricultor y ganadero.

No había amenazas previas. No había conflictos conocidos. No hay, hasta ahora, una explicación.

“Era solo un estudiante, no se metía con nadie. No entendemos por qué entraron y se lo llevaron”, insiste su madre.

El caso, además, quedó en silencio. De acuerdo con la familia, el hecho no fue difundido en medios de comunicación en su momento, lo que hoy suma una segunda herida, la invisibilidad que tratan de revertir con una denuncia en redes dónde pareciera hablar con voz propia el joven víctima de la violencia sin freno en esta región.

Ahora, meses después, el testimonio emerge en redes sociales acompañado de una imagen y un mensaje que duele por su sencillez: un joven que no entiende por qué le arrebataron la vida, una familia rota, y una exigencia clara de justicia.
Si les molestaba su presencia en Santa María de Cuevas, dice la imagen que le da voz a Gael, bastaba con que lo echaran del pueblo, no era necesario martirizar así a su familia, viéndolo partir hundido en el miedo, la desesperación y el dolor.

Hasta el momento, no se ha informado sobre personas detenidas ni sobre avances en la investigación.

En Santa María de Cuevas, como en los alrededores, saben que la delincuencia controla la región, pero siguen sin explicarse la ausencia fatal de Gael y la falta de autoridades que regresen la tranquilidad y hagan justicia.

Por Valentín Hierro / HBMNoticias.com

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