LA OTRA REALIDAD GUBERNAMENTAL

Tramitan pensión Bienestar entre regaños y suciedad

por Talcual
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Por Rafael Navarro Barrón

La fila de solicitantes es larga y variada. Convergen mujeres de 60 años y decenas, quizá cientos personas de ambos sexos, que rebasan los 65 años; van en busca de las dádivas miserables que reparte el gobierno federal en su atrevido y electorero programa conocido como la pensión para adultos mayores de 65 y más y en su versión popular “la pensión de López Obrador”.
En la enorme fila de diciembre hay una gran cantidad de discapacitados que caminan lastimosamente. Allí está presente la versión médica de la reuma, la arteriosclerosis, la gota, las varices, las rodillas gastadas, los accidentes en casa, la diabetes…la vejez cobrando su factura. En otros casos la pobreza extrema.
Todo se agolpa en aquel decaído ejército que busca la letra de su apellido y que se traba cuando les piden los documentos oficiales. Para un abuelo es difícil entender lo que es una Curp nueva; o un acta de nacimiento actualizada. “Puras pendejadas”, espeta un adulto mayor que fue rechazado porque la identificación oficial era un documento muy viejo.

La gran Odisea

Y allí están las excusas: que la Curp no es reciente porque no trae la firma de la secretaria de Gobernación Rosa Icela Rodríguez; que el acta de nacimiento está muy vieja e inelegible, “vaya y saque una actualizada”, dice un gordo, con chaleco guinda, un genuino siervo de la nación que se pasea de viejo en viejo…
Y sigue la perorata oficial: “que el recibo de los servicios de casa ya caducó”; que colocó mal el orden de las copias… el rostro viejo de los solicitantes está ofuscado y a punto de mentarle la madre a un cabroncete que se cree el dueño del Bienestar.
Los ‘siervos de la nación’, parecen más bien ‘cuervos de la nación’ que vuelan sobre los dolientes personajes de la tercera edad. Los servidores públicos no hablan, gritan, refunfuñen. El regaño está a flor de piel, se enojan por la nada, por cualquier cosa.
“¡Si se mueven, pierden el lugar!”, asustan al viejerío que ha llegado a unas sillas de plástico que alguna vez fueron blancas. Hoy de tanto sentón, están sucias y frágiles. Es como el juego de las sillas, se camina de una en una, hasta llegar a los diez elegidos que ingresarán solo para sentarse en otra línea de solicitantes en espera de ser atendidos.
Luego, como profeta de la futura generación que abarrotará los cementerios mexicanos, una vendedora de planes funerarios hace acto de presencia. Su entusiasta activismo es como un chiste de mal gusto.
Es de los servicios funerarios ‘Protecto Deco’ que ofrece velorios ‘a futuro’ con pagos módicos a 12, 24 y 36 mensualidades. En la publicidad, por si se ofrece el servicio, aparecen los colores de la caja de muerto: oro viejo, arena, champagne, café oscuro, cobre, azul marino y celeste.
A los de la tercera edad se les hace una broma de mal gusto. Pero la señora Lourdes Sánchez, la promotora, dice que solo se trata de una previsión y a una oferta que vence en el mes de enero del 2026, después “el costo será más alto”, advierte utilizando su calidad de vendedora.
Para que nadie se sienta en la antesala de la tumba, utiliza un lenguaje inclusivo, amoroso: los llama ‘mijos’ o ‘mijas’ y se convierte en una especie de edecán empática que resuelve con más amor que los Siervos de la Nación las dudas de los solicitantes.
Para esas alturas, la temperatura en exterior ronda en los 9 grados centígrados. En ese inhóspito lugar, a la interperie, amanecieron decenas de adultos mayores en busca de los mejores lugares. Son las 12 del mediodía allí permanecen. El ambiente huele a Mamisán, a diclofenaco, a bálsamo de mariguanol y metformina. Pero también apesta a importamadrismo oficial, ya que las condiciones de atención a los adultos de 65 y más; a las mujeres mayores de 60 años y a los estudiantes que buscan una beca escolar, es bastante superior a una mentada de madre.
Las oficinas se ubican en el centro comercial Los Paseos, en el bulevar Oscar Flores de Ciudad Juárez, la ciudad de mayor importancia del Estado de Chihuahua. En ese sitio confluyen los que buscan programas sociales, conocidos simple y llanamente como ‘del Bienestar’ o la pensión de ‘López Obrador’. Seis mil 400 pesos bimestrales, que se convierte en un alivio temporal para muchos viejitos.

Adulto protegiéndose del frío

El edificio se encuentra deteriorado, sucio, abandonado a su suerte. Combina perfectamente con los chalecos llenos de remiendos y manchas, viejos y decolorados de los Siervos de la Nación, que son jóvenes, personas maduras y adultos mayores que ya se acostumbraron a gritar y que batallan para dialogar en voz baja.
“¡Acomoden sus papeles, primero va la copia…pura copia de la credencial para votar; luego la Curp, actualizado (que traiga el nombre de la secretaria de Gobernación actual); el tercer documento es el acta de nacimiento, pura copia también; y, al final, una copia… copia del recibo que compruebe su domicilio…agua, luz…!”
Y a unos pasos del viejerío, un hombre se beneficia de las ausencias de papeles. Con una copiadora destartalada y un teléfono celular imprime los documentos actualizados del Curp, firmadas por Rosa Icela Rodríguez Velázquez.
No puede hacer más por los clientes que hacen fila y pagan las copias. Diez, quince pesos, por cada anciano que no logra descifrar para que tanto requisito.
En el interior de las oficinas el tema se vuelve más deprimente. El inmueble está sucio, con mobiliario destartalado y viejo. Las paredes están deterioradas, pero sobre ellas se ha colocado la publicidad oficial que exalta la figura de la presidenta de la república y la bondad de los programas del Bienestar, que en la realidad es una falacia gubernamental.
Los siervos de la nación atienden en mesas que algún día lucieron radiantes y blancas, hoy están llenas de manchas de comida, tinta y suciedad. El exceso de trabajo obliga a los empleados de la delegación del Bienestar a comer en sus lugares de trabajo, frente a los solicitantes de pensión y becas.
De vez en vez, los servidores públicos se quejan del exceso de trabajo. En esos cuartos donde trabajan ocho Siervos de la Nación y esperan sentados 16 solicitantes de la tercera edad, se ha perdido toda confidencialidad de los datos personales.
Y la ilusión termina en desilusión cuando los funcionarios del Bienestar informan que el trámite ha sido ingresado… “hay que esperar entre 2 y 6 meses para recibir la tarjeta bancaria; estén atentos del Facebook del delegado”.
El proceso concluye: regañados, hastiados de tanta espera, estrujados por la realidad de los programas sociales, desilusionados porque al final de cuentas, aunque el solicitante tenga la edad de pensión, el gobierno habrá de alargar el proceso para eludir el pago, que ni siquiera tiene retroactividad, como la vida misma.

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