LLAMADITAS QUE MUEVEN PIEZAS

COMPARTE LA COLUMNA RAYOS Y CENTELLAS

por Talcual
banner

Cuando la presión sobre el senador Adán Augusto López Hernández estaba como olla exprés en plena ebullición —por los señalamientos relacionados con La Barredora, el cártel de las notarías, los contratos a modo y el huachicol fiscal—, su caída como coordinador del Senado parecía inminente.

Evidentemente, eso no ocurrió.

El tabasqueño bajó el tono, redujo el perfil, ganó tiempo y dejó que las aguas se calmaran. Mientras tanto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo matizaba su situación, hablando apenas de “carpetas” que, muy probablemente, ni siquiera se abrieron.

Su protector político y “hermano”, Andrés Manuel López Obrador, permitió sostener al poderoso senador y con ello mantener a la presidenta actuando con mayor prudencia —o dicho en términos políticos, bajo control.

Pero algo cambió.

Ayer domingo, el propio líder del Senado anunció que renunciaría a la coordinación, algo que en los momentos más críticos juró que nunca haría. La decisión coincide casi de manera exacta con la llamada que, hace apenas tres días, realizó el presidente Donald Trump a Sheinbaum Pardo.

¿Casualidad?
Dicen que la llamada fue sólo eso, pero en política ese enunciado no existe: nada ocurre porque sí.

Cada comunicación entre ambos presidentes ha tenido consecuencias claras: la entrega de reos ligados al crimen organizado, la suspensión del envío de petróleo a Cuba y ahora, la salida del coordinador del Senado. Vaya coincidencias.

Es evidente que Donald Trump va frontalmente contra los cárteles mexicanos. Lo ha dicho una y otra vez. Ya consiguió su primer objetivo con el canadiense y exolímpico Ryan Wedding; por los demás vendrán cuando quieran, con o sin la cantaleta de la soberanía mexicana.

Por lo pronto, se trata de una victoria política para la presidenta, al menos frente a su antecesor, al enviar a Adán Augusto de la coordinación legislativa al movimiento territorial de Morena. Un reacomodo que, más que voluntario, parece inducido.

Seguramente la senadora juarense Andrea Chávez Treviño no debe estar nada contenta. Su proyecto rumbo a la gubernatura se desmorona conforme pasan los días y con la caída de su padrino político.

El senador, eso sí, conserva el fuero, lo que lo mantiene fuera del alcance de la justicia mexicana. Aunque no debe perderse de vista que Estados Unidos tiene una lista de 33 narcopolíticos, y probablemente sea cuestión de otras “llamaditas”.

DEL TRICOLOR AL GUINDA, SIN ESCALAS

BUEN EQUIPO…!

Quienes vieron circular una singular fotografía en la que aparecen personajes de otros tiempos y otros colores, bien pudieron pensar que se trataba de una reunión del PRI de toda la vida. Pero no.

En la imagen aparecen Luis Fernando Rodríguez Giner, Jaime Flores Castañeda, Fernando Martínez Acosta y Roberto Barrazz, los mismos que hasta hace no mucho eran rostros habituales en cualquier asamblea tricolor, de esas donde abundaban los discursos largos, las promesas repetidas y la nostalgia por el poder perdido.

Con sólo ver la foto, a más de uno le dieron ganas de sacar la matraca y el tambor, recordar los tiempos de vacas gordas de César Duarte y Teto Murguía, y pensar que el calendario se había regresado una década.

Pero no.

La imagen no salió de ningún archivo viejo ni de un álbum olvidado. La envió, ni más ni menos, Comunicación Social del municipio, un gobierno emanado de Morena. Así, sin anestesia. Los cuatro expriístas ahora visten de guinda, posan para la foto oficial y cierran filas con el presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar.

Los tiempos cambian, pero los personajes no tanto.

Lo cierto es que, tras el descalabro electoral del PRI, muchos comenzaron una silenciosa —y otros no tanto— búsqueda de refugio político. ¿Y qué mejor cobijo que el partido en el poder municipal? Morena, con la puerta abierta y las credenciales listas, recibió gustoso a los antiguos tricolores que hoy presumen casaca nueva, discurso renovado y una súbita conversión ideológica.

Al final, parece que lo importante no es el proyecto, sino seguir en la jugada… y en la nómina.

Ahí está el caso de Luis Fernando Rodríguez Giner, ahora flamante director de Centros Comunitarios, quien recientemente acudió a presentar su arsenal de acciones sociales ante la asociación civil Norawa. Nueva encomienda, mismo colmillo.

La foto, más que una anécdota, es una postal del pragmatismo político local: colores que se diluyen, principios que se acomodan y carreras que continúan, siempre y cuando haya espacio en la estructura.

Porque en la política juarense —como en casi todas— no hay traiciones, sólo mudanzas.

Y algunas se hacen con foto oficial incluida.

CRUZ PÉREZ CUÉLLAR RUMBO A OJINAGA

Comentan que el domingo 8 de febrero encabezará un desayuno el presidente municipal Cruz Pérez Cuéllar con militantes y simpatizantes ojinaguenses. Y como suele pasar cuando hay mesa, café y reflector, se espera que llegue todo mundo.

Trascendió que, con toda seguridad, harán acto de presencia todos los aspirantes a la alcaldía y a las regidurías. Dicen que son más de cinco, muchos de ellos recién desempacados del PAN y del PRI, ahora muy convencidos de las bondades de MORENA. Súmele usted a los observadores electorales, que irán sólo “pa’ milar”, como diría el chinito… pero con libreta en mano y memoria larga.

Nada más falta que pasen lista. El gran problema de la gente de MORENA, dicen los que saben, es que las pugnas internas ya arrancaron, y ni siquiera ha empezado formalmente el proceso. Golpes bajos hay por todos lados, cuchillos largos bajo la mesa y sonrisas de ocasión frente al jefe político.

Por un lado están los fundadores, los que sudaron la camiseta cuando no había poder ni presupuesto; por el otro, los advenedizos, que llegaron justo cuando el pastel ya estaba servido y buscan ver qué les toca.

Morena enfrenta hoy su mayor dilema: no puede darse el lujo de decirles que no, porque necesita sumar para ganar. Pero tampoco puede darles todo, porque entonces corre el riesgo de romperse desde adentro.

Así que el desayuno del domingo no será sólo de enchiladas y café: será de miradas, mediciones, pases de lista y acomodos anticipados.

Porque en política, como en la cocina, cuando hay muchos cocineros… algo se puede quemar.

Y eso, apenas va empezando.

 

 

banner

Notas que pueden gustarte