Sorpresa con Gi Loya en la encerrona azul de la 5 de mayo

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por Talcual
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Vaya sorpresa la que dejó la encerrona en el edificio de 5 de mayo y 16 de septiembre —ese mismo que hace apenas unos meses estuvo más cerca del embargo que de la operación política—. Ahí, sin demasiados reflectores, pero con mensajes bastante claros, apareció la figura central del panismo chihuahuense: María Eugenia Campos Galván.

Y no llegó de paseo. Lo que oficialmente se manejó como una “junta informativa” terminó siendo, en los hechos, una demostración de músculo político. De esas que no se anuncian como tales, pero que dejan eco en los pasillos.

Según los que estuvieron dentro —y que no fueron pocos—, Ciudad Juárez ya presume algo que pocos pueden decir en estos tiempos: el 100 por ciento de sus representantes generales cubiertos. En lenguaje de campaña: estructura lista.

Ejército alineado. Fusiles aceitados antes del primer disparo electoral. Nada de improvisaciones. Nada de andar reclutando al vapor el día de la elección. Aquí, dicen, hay orden, hay estrategia y, sobre todo, presencia asegurada en casillas. Algo que, para la oposición local, sigue siendo más aspiración que realidad.

Pero si eso ya era suficiente para levantar cejas, lo que realmente puso a más de uno a hacer cuentas fue otro detalle. La presencia —nada discreta— de Gilberto Loya Chávez. El llamado “ Capitán Centinela” no solo estuvo presente: compartió mesa, protagonismo y lectura política junto a Ulises Pacheco y Daniela Álvarez, bajo la mirada —y el aval— de la gobernadora. El mensaje fue seco. Sin rodeos. Loya está en la jugada. Y no como espectador -Le late el corazón-.

En política, hay reglas no escritas que pesan más que cualquier discurso. Una de ellas es simple: quien es convocado por la jefa a una reunión de este nivel, no llega por cortesía. Llega porque cuenta. Porque está considerado. Porque tiene boleto. Así de claro.

La foto que deja el PAN en Juárez es la de una maquinaria aceitada, con estructura completa y con piezas clave moviéndose en sincronía. Nombres como Marco Bonilla y Gilberto Loya comienzan a aparecer en el mismo tablero, no como coincidencia, sino como parte de una coreografía política cuidadosamente armada.

El cierre de la gober María Eugenia Campos Galván fue el esperado: llamado a la unidad, a dejar de lado diferencias internas y a cerrar filas. Nada nuevo en el discurso. Pero distinto en el contexto. Porque cuando el mensaje de unidad llega acompañado de estructura, de nombres en movimiento y de señales tan evidentes, deja de ser un simple exhorto. Se convierte en línea.

Y en el PAN de Chihuahua, al menos por ahora, parece que esa línea se empieza a ver.

CCE apoya proyecto de infraestructura de Maru Campos

Los empresarios, puestos —y literalmente de “pechito”— frente a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, y su plan de obras de infraestructura para Ciudad Juárez.

Los integrantes del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) de Juárez quisieron dejarlo más que claro: están alineados, sin matices, con los planes del gobierno estatal.

Para que no quedaran dudas, en un documento aparecen las firmas de Fernando Suárez Cerón, presidente de CMIC y cabeza del CCE; Iván Antonio Pérez Ruiz, de CANACO; Jaime Ávila, de INDEX; Manuel Sotelo Suárez —a quien desde hace tiempo se le bautizó como el capo di tutti capi del empresariado—; Rogelio González, del sector hoteles y moteles; Héctor Núñez Polanco, de Desarrollo Económico del Norte (DENAC); y Marcos Javier Martínez Hernández.

Todos emiten un reconocimiento a la gobernadora Maru Campos por su compromiso de impulsar un plan de obras con el respaldo del sector empresarial.

El mensaje es directo: confianza total.

Las obras detonarán el desarrollo integral de la frontera. No hay cuestionamientos, no hay reservas, no hay condiciones. Solo respaldo.

La agenda de inversión en infraestructura estratégica, particularmente aquella financiada con los recursos derivados del polémico ajuste al Impuesto Sobre Nóminas para los ejercicios fiscales de 2026 y 2027, es calificada como un avance “significativo”.

Promete —dicen— fortalecer la competitividad, mejorar la movilidad y elevar la calidad de vida en Ciudad Juárez.

En el documento, los empresarios enlistan siete obras a ejecutarse en distintos puntos de la ciudad: pasos inferiores, pasos superiores, prolongaciones viales y trabajos de pavimentación.

Hay aplausos, nadie se opone, todo sea por el bien de la comunidad.

Firmas, dádivas y desobediencia de Andrea Chávez

BRIGADISTAS DE ANDREA CHÁVEZ

En la capital del estado, algo se mueve… y no precisamente en silencio. Brigadas perfectamente identificadas recorren colonias del norte, del sur y hasta el corazón del municipio. No llegan solas: traen cachuchas, chalecos guinda, panfletos… y kits. Kits que no se entregan gratis. O mejor dicho: no sin condición.

La dinámica es simple: firma primero, recibe después. Y, de paso, escucha las bondades de Andrea Chávez Treviño, quien no oculta —ni tantito— sus aspiraciones rumbo a la candidatura por el gobierno del estado. La escena se repite.Una y otra vez.

Las brigadas, uniformadas y disciplinadas, se han vuelto parte del paisaje en las colonias populares. Son fáciles de ubicar: el nombre de la senadora va al frente, en letras visibles, como marca registrada de una campaña que todavía no es campaña… pero ya opera como tal. Porque de eso se trata.De posicionarse.De construir estructura. De generar base. Y si en el camino hay que intercambiar firmas por “apoyos”, pues se hace.

Nada nuevo en la vieja escuela de la política mexicana, aunque con un detalle que no pasa desapercibido: las reglas internas de su propio partido. Las recientes disposiciones del Morena, emanadas de su Consejo Político Nacional, buscaban —al menos en el papel— poner orden en los tiempos, las formas y los excesos anticipados de quienes ya andan en modo electoral. Pero en los hechos, parecen letra muerta. O, peor aún, sugerencias opcionales.

Porque lo que se ve en territorio dice otra cosa: operación abierta, promoción personalizada y una estrategia que difícilmente puede disfrazarse de otra cosa que no sea precampaña adelantada. El mensaje, entonces, no es solo hacia la ciudadanía. También es hacia dentro del partido. Y es claro: las reglas no aplican para todos… o hay quienes simplemente deciden no acatarlas. En política, la disciplina partidista suele ser un activo. Pero también es cierto que quien se adelanta, a veces gana terreno. El riesgo está en el costo.

Porque cuando la línea entre gestión social y promoción electoral se borra, lo que queda no es cercanía con la gente, sino sospecha. Y cuando las firmas se consiguen a cambio de algo, dejan de ser respaldo… para convertirse en moneda.

 

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