Descubren una “supertierra” parecida a nuestro planeta: su año dura solo 61 días

por Talcual
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El hallazgo de planetas fuera del Sistema Solar es cada vez más común, pero algunos descubrimientos siguen sorprendiendo a los científicos. Tal es el caso de esta supertierra similar a la Tierra, detectada tras años de análisis de señales débiles provenientes de su estrella.

Ese fue el caso de HD 176986 d, una supertierra que los astrónomos tardaron años en confirmar. El planeta se encontraba prácticamente “a plena vista”, pero su señal era tan tenue que solo apareció con claridad después de acumular cientos de noches de observación y aplicar técnicas avanzadas de análisis de datos.

El hallazgo no solo amplía el catálogo de exoplanetas conocidos. También muestra cómo la infraestructura científica del hemisferio sur, especialmente en Chile, se ha vuelto clave para detectar mundos pequeños que antes pasaban desapercibidos.

HD 176986 d orbita una estrella enana de tipo K, también llamada enana naranja, que es ligeramente más pequeña y fría que el Sol. Este sistema estelar se encuentra a unos 91 años luz de la Tierra, una distancia relativamente cercana en términos astronómicos.

El nuevo planeta tiene una masa mínima inferior a siete veces la de la Tierra, lo que lo ubica dentro de la categoría de supertierra. Este tipo de mundos son más grandes que nuestro planeta, pero mucho más pequeños que gigantes gaseosos como Neptuno o Júpiter.

HD 176986 d completa una órbita alrededor de su estrella cada 61.4 días, lo que lo coloca en una región más externa que otros dos planetas ya conocidos en el mismo sistema.

Detectar este tipo de mundos es especialmente complicado. A diferencia de otros exoplanetas, no generan grandes tránsitos visibles desde la Tierra ni señales energéticas destacadas. Su presencia se detecta a través de un efecto muy sutil: el pequeño “bamboleo” que su gravedad provoca en la estrella.

Ese movimiento, conocido como velocidad radial, se mide analizando cambios mínimos en la luz que emite la estrella. En el caso de HD 176986 d, la señal era tan débil que solo se volvió evidente después de analizar una enorme cantidad de datos.

El descubrimiento fue posible gracias a observaciones realizadas desde el desierto de Atacama, uno de los lugares más importantes del mundo para la astronomía.

Allí se encuentran instrumentos de alta precisión como HARPS y ESPRESSO, instalados en los observatorios La Silla y Paranal, operados por el Observatorio Europeo Austral.

Las condiciones de la zona ofrecen ventajas únicas para observar el universo:

Altitud elevada
Atmósfera muy estable
Baja contaminación lumínica
Gran cantidad de noches despejadas

En este caso, los investigadores analizaron más de 350 noches de observación para confirmar la señal del planeta.
Ese nivel de continuidad en los datos es fundamental para detectar exoplanetas pequeños, ya que sus efectos gravitatorios sobre las estrellas son extremadamente sutiles.

Uno de los mayores desafíos al buscar planetas pequeños es que las propias estrellas pueden generar señales que imitan la presencia de un planeta.

Fenómenos como manchas estelares, ciclos magnéticos o variaciones internas pueden producir cambios en el espectro de luz similares a los que generaría un planeta en órbita.

Para evitar falsos positivos, los científicos utilizaron herramientas avanzadas de análisis, entre ellas YARARA, un software diseñado para limpiar los espectros estelares de ruido instrumental y de efectos asociados a la actividad de la estrella.

El momento decisivo llegó cuando la señal detectada se mantuvo constante incluso después de aplicar todos los filtros posibles. Eso confirmó que el patrón observado no era un error de medición ni un efecto estelar, sino la huella gravitatoria de un planeta real.

Aunque HD 176986 d no ha sido presentado como un planeta habitable ni como un posible “segundo hogar”, su descubrimiento tiene gran valor científico.

Las supertierra representan una de las poblaciones de planetas más comunes en la galaxia, pero también una de las más difíciles de estudiar. Son mundos intermedios que ayudan a entender cómo se forman los sistemas planetarios.

Además, existe una pregunta que intriga a los astrónomos desde hace años: el Sistema Solar no tiene ningún planeta similar a una supertierra, a pesar de que este tipo de mundos parecen abundar en otros sistemas.

Cada nuevo descubrimiento aporta información clave para comprender por qué nuestro sistema es diferente.
El hallazgo de HD 176986 d también confirma el papel creciente de América Latina en la astronomía moderna. Con telescopios instalados en el desierto de Atacama, la región se ha convertido en uno de los centros desde donde se detectan muchos de los nuevos mundos del vecindario galáctico.

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