Por Rafael Navarro Barrón
La opinión de la gobernadora panista de Chihuahua, María Eugenia Campos en relación con el tema con el poder presidencial es categórica: “debemos romper este mito de que tenemos que estar bien con el Tlatoani, con el caudillo, con el ser omnipresente… todo poderoso que es la presidenta, porque vivimos en un régimen presidencialista del que parece no tenemos forma de escapar de él”.
Ellos deciden, ellos recortan los programas. Ellos limitan a los gobernadores de oposición y quieren manejar los programas sociales a su antojo, refiere Campos Galván quien se confiesa “cansada” y anticipa que “no quiero ser presidenta de la república…estamos en pie de lucha: a Chingar, a chingar, a chingar…”, dice en entrevista.
Las declaraciones de la gobernadora Maru Campos es una descripción sobre el trato que reciben los gobernadores de oposición por parte de la presidenta de la república y de Morena. Esa relación no es un nuevo capítulo, sino es la continuación de aquel mensaje que le envió a López Obrador en su paso por la presidencia: “(el gobierno federal) se hace pendejo” en el combate al narco.
De esa declaración vino el enfriamiento con palacio de gobierno.
El asunto del narcotráfico y la implicación que hizo la gobernadora de Chihuahua de la relación de Morena, la secretaría y delegación del Bienestar, con el binomio Ariadna Montiel Reyes y Juan Carlos Loera de la Rosa en la pasada elección en Chihuahua; así como la embarrada a la senadora con licencia Andrea Chávez, por la misma causa, es el corolario de un asunto del pasado, que “es vox populi”, señala la gobernadora.
Maru Campos señaló que los gobiernos de oposición están en una continua “resistencia, resistencia, resistencia”. La ‘mea culpa’ de la gobernadora es no haber dicho lo que es la relación con el gobierno de Morena.
En el país, opina “hay una paz ficticia con la presidenta. Es una ilusión óptica de poder, creemos que podemos tener más recursos, mejorar carreteras, pero eso no ocurre en la realidad”.
La gobernadora sostiene que “México debe entregar a Andrea Chávez y a Ariadna Montiel a Estados Unidos por su relación con el narcotráfico. Los chihuahuenses no quieren que Andrea Chávez gobierne porque no quieren que entre (el grupo delictivo de Tabasco) ‘La Barredora’, ella es igual a Adán Augusto López”.
Según la gobernadora de Chihuahua, “Ariadna tiene relaciones con el crimen organizado en la sierra de Chihuahua. Los municipios donde más se manifiesta el narcotráfico, como Morelos y Guadalupe y Calvo, están en manos de alcaldes Morena”.
Andrea Chávez y Ariadna Montiel no deben estar en la boleta electoral del 2027, afirmó Campos Galván.
“En Chihuahua es un secreto a voces” (de esa relación)” de Ariadna con el narcotráfico. Y, en su momento, de la mano de Juan Carlos Loera en la sierra Tarahumara, cuando el ahora senador se limpiaba las lágrimas en su posición de delegado de Bienestar, al afirmar que él era un funcionario que entendía a los Rarámuris y a la pobreza extrema de la sierra Tarahumara.
Actualmente, Morena y sus aliados controlan aproximadamente 10 de los 19 municipios principales de la Sierra Tarahumara, según los resultados electorales de 2024.
Los municipios serranos ganados por Morena fueron: Guadalupe y Calvo, Morelos, Urique, Chínipas, Moris, Temósachic, Madera, Matachí
Y aliados de Morena, particularmente el PVEM son: Guazapares y Nonoava.
En el 2018, la Consultoría Técnica Comunitaria difundió un informe, a partir de un diagnóstico de 20 municipios, donde concluyó que el crimen organizado se había apoderado de comunidades y poblaciones enteras en la región, con un incremento radical en asesinatos, secuestros, desapariciones y desplazamientos forzados, que fragmentaron el tejido social.
De acuerdo con el informe, casi 300 mil habitantes vivían asolados por el crimen organizado. En sólo cuatro años los asesinatos tuvieron una espiral ascendente incontrolable. En Guadalupe y Calvo, la entrada a Chihuahua del Triángulo Dorado que controla el Cártel de Sinaloa hubo 667; en Urique registró 195.
En términos políticos, eso significa que Morena domina la Sierra Tarahumara, pero la región sigue muy dividida territorialmente. Morena avanzó más en municipios históricamente vinculados a conflictos de seguridad y marginación, mientras PAN-PRI mantuvieron zonas con estructuras políticas tradicionales y presencia histórica del PRI serrano.
En una declaración reciente la gobernadora de Chihuahua dijo que respetaba la investidura de Claudia Sheinbaum, “pero hubo personas que se metieron en medio a hablar mal de una servidora, pero estamos en tiempos de reconciliación”.
Es por eso, que la anhelada reconciliación, Claudia-Maru quedará para la posteridad.
Alguien que ha sido factor de división es el actual senador morenista Javier Corral Jurado. Su conversión política al partido creado por AMLO ha traído la confrontación de Morena con Maru Campos y la enorme sospecha de corrupción difundida contra Pérez Cuéllar por el propio ex gobernador de Chihuahua.
El desdén de la presidenta hacia la gobernadora de Chihuahua no es reciente. Lo hizo también López Obrador. Cuando era secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, no le contestaba ni devolvía las llamadas telefónicas a Maru Campos: “que no está en la oficina”, “que salió a una reunión”, “que está con el presidente”; pero a la fiesta de cumpleaños de Javier Corral Jurado –su amigo y ahora compañero de partido- la funcionaria estrella del gabinete de Amlo, llegó puntual, cantó el ‘happy birthday’ y se retiró del festejo hasta que el exgobernador de Chihuahua apagó la velita número 58, aquel viernes 2 de agosto, en el gobierno de López Obrador.
“Yo no accioné la primera bala y la pistola contra Sheinbaum”. Fue la oficina de la presidencia. Cuando habló a mi oficina (la presidencia Sheinbaum) lo hizo por el ‘teléfono rojo’, yo no estaba en la oficina y después ya no me respondió la llamada. Ella tiene mi teléfono celular y yo tengo el suyo. A través de la mañanera me dijo que la reunión tenía que ser con Omar García Harfuch”.
Desde López Obrador los morenistas están molesto por aquella frase demoledora, emitida por Maru Campos, que se constituye en una descripción perfecta en relación que ha sido la desastrosa administración morenista en el tema del combate al crimen organizado.
De allí viene el encabronamiento de Luisa María, hoy encargada del área jurídica de la presidenta; y de la presidenta Sheinbaum, que ordenó a su equipo de trabajo negar las llamadas a la gobernadora de Chihuahua.
El expresidente, todavía sentido, ofendido y humillado, hace pucheros cuando recuerda que Maru infirió que su gobierno “se hace pendejo” en la lucha contra el crimen organizado.
“¡No la quiero ver! Inventen cualquier chingadera, pero no quiero a nadie del gabinete panista”. Por eso López Obrador, Claudia y su gabinete realizaron solos la minigira al Hospital de Especialidades del IMSS de Ciudad Juárez, la última ocasión que AMLO pisó esta frontera. La gobernadora fue ignorada.


