Maru Campos, la mujer que pelea en la soledad

por Talcual
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Por Rafael Navarro Barrón

El panismo chihuahuense encontró una estrategia que logró levantar a la oposición nacional, por alguna razón rezagada, asustada y paralizada por el fenómeno político llamado Morena y su apabullante ejercicio de someter a sus oponentes con el peso de las instituciones que controla.
La estrategia del PAN, por lo menos en el presente mediático, es María Eugenia Campos Galván, a quien consideran una valiente gobernadora por enfrentar al gobierno morenista y a su más cruente representante de ese poder omnímodo, a la mismísima presidenta Claudia Sheinbaum.
En esa conjunción mediática, producto del momento político que vive el país en la supuesta ‘guerra’ contra el crimen organizado y la evidente colusión morenista con los narcotraficantes, Maru Campos fue la figura clave para desmoronar la narrativa oficialista contra la injerencia de la CIA americana en México al desprogramar al mismo poder que intenta -hasta hoy- desaforar a la gobernadora de Chihuahua y meterla a la cárcel.
El problema de Maru Campos es la soledad en la que lucha. A nivel nacional, la estructura panista y su representación en ambas cámaras nacionales no logran encender la mecha política a favor de la oposición; en el escenario estatal, los liderazgos políticos resultaron más falsos que los ídolos aztecas.
Decir que esos liderazgos – que buscan una candidatura en el 2027- se ‘desinflaron’ sería darles una dimensión que no tienen. Son estructuras del neopanismo que nunca han tenido la gracia del aire que los infle e ignoran como operaron los miembros del blanquiazul del siglo pasado que fueron llevados a prisión, golpeados, insultados, menguados en su economía, algunos perdieron sus negocios; otros sus empleos gubernamentales.
Hubo muertes que marcaron el momento político de aquel momento, como el accidente fatal donde pereció una hija del recientemente finado Pancho Barrio y una niña golpeada en la cabeza con un proyectil que salió de las manos criminales de los miembros Comité de Defensa Popular, en ese entonces al servicio del PRI, en un evento panista.
El sentido de sus convicciones era la patria ordenada y generosa, no lo que hoy se busca: el poder por el poder…el poder para tener.
Maru Campos, en Chihuahua lucha sola porque los futuros herederos del panismo transitan en el onanismo revolucionario de la generación Z o Centennials y parte de la Generación Millennials.
Esta nueva generación de panistas tiene miedo a la actuación, a perder lo obtenido en su tránsito ordinario pero fructífero en la política, porque no se les inculcó el sentido de la lucha social, de los valores de la resistencia civil, el principio de la genuina libertad y justicia.
No, esta camada cree que un ‘reel’, un ‘podscat’, un ‘en vivo’ en redes sociales o una entrevista ‘banquetera’ es parte de esa lucha política. Viven de su imagen. Hay un mimetismo entre la moda frívola, las frases hechizas y la intención de gobernar porque los han hipnotizado las camionetas Suburban blindadas, los guaruras y los restaurantes de lujo.
Sin cuartos de guerra, ni estructuras prefabricadas en honor a sus valores políticos. Por eso la lucha de la gobernadora se observa solitaria y sin más estructura que la propia, la que le alcanza, a la medida de su fuerza, que cada vez se ve más menguada.
En la cúspide de su fama nacional, Campos Galván es como el último mohicano. No están a la vista ni el alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla que de pronto adquirió la discapacidad de la disartria severa; ni el súper policía de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, Gilberto Loya, que nunca ha estado en un enfrentamiento armado ni conoce la adrenalina del deber policiaco, por eso no sabe de la política real, de la virilidad que se necesita en el quehacer público.
En esta lucha, el veneno de la lengua viperina de Jesús Valenciano, el alcalde de Delicias dejó de emanar la saliva mortal, en una auto castración política, necesaria para el momento, por aquello de que aquí corrió que aquí murió. En su lápida política quedaría el perfecto epitafio: “no era tan hombre como decía”.
Se apagó también la voz de Manque Granados, a la que nunca hemos escuchado hablar; César Jáuregui, por el que empezó todo este entramado de la CIA, está escondido, asustado, sabe que en cualquier momento será rodeado por elementos de la Fiscalía General de la República para su detención.
El que asoma la cabeza, a un nivel de peregrino de la política rastrera y acomodaticia, es Santiago de la Peña, el secretario general de gobierno, el segundo en la jerarquía de Maru, que aprovecha la ruina del exfiscal Jáuregui para montarse en la candidatura al gobierno municipal de Chihuahua.
Esa es la radiografía del panismo que ha dejado sola a la mujer que gobierna Chihuahua. No se les reclama su inactividad, sino su escasa condición política que muestra la deficiente o, posiblemente, la escasa reacción a problemas mayores.
Sus historias de vida se remontan a la estrategia de pelear contra el mujerujo TexMex que se considera la versión chihuahuense de Empédocles de Agrigento, el exgobernador Javier Corral a quienes les respondes los improperios al igual que a los personajes del morenismo como Juan Carlos Loera, Cruz Pérez Cuéllar, Brigitte Granados, Andrea Chávez, Cuauhtémoc Estrada y toda esa pléyade de la seudo izquierda chihuahuense que no dudarían en besar los pies a la presidenta Sheinbaum.
Pelear con la lengua, usarla como pieza clave de la seudo dialéctica, es más cómodo que la estrategia política, la acción social estructurada desde un cuarto de guerra como la realiza en la actualidad Morena con su mega estructura económica y su capacidad de movilizar, a cualquier precio, a los que consideran sus militantes, que no son otra cosa, que estructuras sociales que se mueven al arbitrio de 400 pesos y una despensa.
Los neopanistas, ni una cosa ni otra. Están asustados, llenos de un temor paralizante que puede desnudarlos más allá de su capacidad de resistencia. Y el problema mayor es que no preguntan y no entienden a activistas como Gustavo Elizondo, Ramón Galindo, Carlos Angulo, Xavier de Anda, Pedro Martínez, Pepe Márquez, Víctor Estala y otros tantos del panismo que, por desgracia, algunos de ellos se han contaminado de esta generación acomodaticia y frágil, de esta generación de políticos de Cristal que han abandonado a su gobernadora y aún así aspiran a un puesto de elección popular.

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