Cruz acelera la carrera del 2027

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por Talcual
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Cruz Pérez Cuéllar decidió quitar cualquier duda sobre sus planes políticos y anunció que el próximo miércoles solicitará licencia por tiempo indefinido a la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez.

La decisión tiene una lectura evidente: el alcalde fronterizo dejará el escritorio para salir a recorrer el estado con un objetivo muy claro, posicionarse como el principal aspirante de Morena a la gubernatura de Chihuahua.

Su estrategia pasa por convertirse primero en coordinador estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación, figura que en la práctica suele representar la antesala de una candidatura. Después vendrá la disputa formal por la nominación morenista rumbo a 2027.

La movida también confirma que Pérez Cuéllar no está dispuesto a perder terreno frente a su principal competidora interna: Andrea Chávez. La senadora con licencia lleva meses construyendo presencia política en todo el estado y busca exactamente la misma meta.

Por eso la solicitud de licencia no puede entenderse como un simple trámite administrativo. Se trata de una declaración política de gran calado. Cruz está enviando el mensaje de que llegó la hora de dedicarse de tiempo completo a la construcción de su proyecto.

Y no es una apuesta menor. Falta todavía cerca de un año para la elección constitucional y varios meses para que arranque formalmente el proceso electoral. Sin embargo, en Morena los tiempos reales suelen correr por delante de los calendarios oficiales, especialmente cuando se trata de definir quién encabezará una candidatura tan relevante como la de Chihuahua.

La decisión de abandonar temporalmente la alcaldía implica asumir riesgos. Dejará el cargo que le ha servido como principal plataforma política para embarcarse en una larga etapa de promoción territorial que exigirá presencia permanente, operación política y capacidad de movilización.

Pero también revela que Pérez Cuéllar considera que este es el momento adecuado para acelerar. Quienes lo conocen aseguran que difícilmente habría tomado una decisión de ese tamaño sin tener información precisa sobre el ambiente que prevalece en las altas esferas de Morena.

Por eso la pregunta que comienza a circular en los círculos políticos es inevitable: ¿se trata únicamente de una ofensiva para alcanzar a Andrea Chávez o Cruz Pérez Cuéllar ya recibió señales de que cuenta con posibilidades reales de convertirse en el abanderado morenista?

La respuesta todavía está por escribirse. Lo cierto es que, con esta licencia, el alcalde juarense acaba de convertir una competencia interna que ya era intensa en una carrera abierta y sin tregua rumbo a 2027.

El PRI y la aritmética de las alianzas

Desde la dirigencia nacional del PRI comienzan a dibujar un escenario que, por ahora, parece más cercano al optimismo político que a una proyección definitiva: ganar, junto con el PAN, hasta 12 de las 17 gubernaturas que estarán en juego en 2027.

La apuesta fue planteada por el dirigente estatal priista, Alejandro Domínguez, quien aseguró que existe un cambio en el ánimo social respecto a Morena y que, de mantenerse la coalición opositora, podrían alcanzarse resultados muy favorables. La estimación, según explicó, proviene de los análisis realizados por la dirigencia nacional encabezada por Alejandro Moreno Cárdenas.

La cifra resulta atractiva para cualquier fuerza política que aspire a recuperar terreno. Sin embargo, también parece construida sobre una serie de variables que todavía están lejos de consolidarse.

Primero, porque faltan muchos meses para que arranque formalmente el proceso electoral y la dinámica política nacional puede modificarse de manera significativa. Segundo, porque incluso algunos especialistas consideran que Morena podría enfrentar dificultades serias en varias entidades por factores internos, desgaste gubernamental o conflictos de sucesión, independientemente de que exista una alianza opositora sólida.

En otras palabras, una parte de esas posibles derrotas podría explicarse por errores propios del partido gobernante más que por los méritos de sus adversarios.

Pero detrás del discurso triunfalista existe otra realidad que el PRI entiende perfectamente. Para el tricolor, las alianzas ya no son una opción táctica sino una necesidad estratégica.

La lógica es sencilla. Los acuerdos electorales permiten aprovechar la transferencia de votos entre partidos, mantener espacios de representación y conservar estructuras políticas que, en muchos estados, difícilmente podrían sostenerse únicamente con la fuerza electoral priista.

Por eso el PRI se ha convertido en uno de los principales promotores de las coaliciones. No solamente porque le permiten competir con mayores posibilidades, sino porque también reducen riesgos mayores, entre ellos la pérdida de influencia política e incluso la desaparición de registros estatales en determinadas regiones del país.

En ese contexto, el reciente resultado obtenido en Coahuila se ha convertido en uno de los principales activos políticos del partido. Es la carta de presentación que la dirigencia nacional utiliza para demostrar que el PRI todavía conserva capacidad de organización, movilización y competitividad cuando las condiciones le favorecen.

Y precisamente por eso busca negociar desde una posición de fortaleza relativa. Como dice la canción, pretende vender caro su amor… o, en este caso, sus votos.

Sin embargo, la realidad electoral también impone límites. En varias entidades, el PRI difícilmente podría aspirar a resultados competitivos si decide caminar solo. La fortaleza que presume en las mesas de negociación no necesariamente se traduce en capacidad suficiente para disputar gubernaturas sin el respaldo de aliados.

Por ahora, las proyecciones de 12 triunfos funcionan más como una meta política que como un pronóstico definitivo. Lo que sí parece claro es que, rumbo a 2027, el PRI seguirá apostando a las alianzas porque sabe que buena parte de su futuro electoral depende de ellas.

Y en esa ecuación, tanto el PAN como el propio PRI se necesitan mucho más de lo que públicamente están dispuestos a reconocer.

Jáuregui manda señal: sigue en la pelea

César Jáuregui decidió reaparecer políticamente y el mensaje fue tan claro como oportuno: sigue firme en su aspiración de convertirse en el candidato del PAN a la alcaldía de Chihuahua capital.

La señal iba dirigida a dos públicos muy específicos. Primero, a quienes dentro del panismo ya comenzaban a darlo por descartado después del golpe político que representó el llamado “CIA Gate”. Segundo, a sus simpatizantes y operadores, que esperaban alguna muestra de que el exfiscal seguía en la jugada rumbo a 2027.

No es un episodio menor. La muerte de dos agentes de la CIA en un accidente automovilístico en la sierra de Chihuahua provocó una crisis política de gran calado para el gobierno estatal, una tormenta que terminó arrastrando a Jáuregui fuera de la Fiscalía General del Estado. Desde entonces, más de uno dentro del PAN comenzó a mover piezas bajo la lógica de que su proyecto político había quedado seriamente dañado.

Pero el exfiscal parece pensar otra cosa.

A través de un video difundido en redes sociales, recordó a propios y extraños que sigue activo y que no tiene intención de abandonar sus aspiraciones. Más allá del contenido formal del mensaje, lo relevante fue el subtexto político: aquí sigo y todavía tengo planes.

La frase central no dejó demasiado espacio para interpretaciones: “Seguiré trabajando por Chihuahua capital”. En política, expresiones como esa rara vez son casuales. Traducida al lenguaje electoral significa que la construcción de una eventual candidatura ya está en marcha.

El mensaje también funciona como un alto a quienes dentro del PAN ya comenzaban a repartir candidaturas anticipadamente. Porque si algo quedó claro con esta reaparición es que Jáuregui no está dispuesto a ceder espacios ni a aceptar que otros definan su futuro político.

Por lo pronto, el exfiscal dejó entrever la ruta que pretende seguir: acercamiento con la militancia, diálogo con distintos grupos internos y búsqueda de consensos incluso entre quienes hoy mantienen reservas sobre su figura. Es decir, iniciar desde ahora una campaña de posicionamiento que todavía no puede llamarse campaña, pero que tiene toda la apariencia de una.

Falta mucho para las definiciones de 2027, pero una cosa quedó clara esta semana: César Jáuregui quiere que nadie lo dé por muerto políticamente. Y en el PAN, donde las candidaturas suelen resolverse mucho antes de los tiempos oficiales, esa clase de recordatorios nunca son casualidad.

Al tiempo.

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