Periodismo crítico y autocrítico en la comunicación contemporánea

El periodismo crítico enfrenta el riesgo de convertirse en unilateralidad discursiva: un emisario con autoridad simbólica impone ideas bajo un marco autoritario, anulando la pluralidad y la autocrítica, debilitando la ética comunicativa y la libertad de interpretación ciudadana.

por Talcual
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Por Jack Ro
El periodismo, como práctica social y cultural, se sitúa en el cruce entre la comunicación, la política y la ética. Su función no se limita a informar, sino que implica construir narrativas que afectan la opinión pública y, en consecuencia, la legitimidad de los gobiernos. De tal forma que el periodismo crítico suele confundirse con la denuncia unilateral, olvidando que la crítica requiere de su contraparte: la autocrítica. Este artículo de opinión explora cómo la ausencia de autocrítica debilita el periodismo, lo convierte en un discurso parcial y lo aleja de su responsabilidad ética.
Periodismo crítico o unilateralidad radial: se entiende como la práctica comunicativa en la que el emisario del mensaje, investido de autoridad simbólica, transmite sus ideas bajo un marco de dominación discursiva. En este contexto, el vocero no solo expresa, sino que pretende imponer una visión única, revestida de legitimidad religiosa o ideológica, condicionando la recepción del público hacia la aceptación acrítica de su mensaje.
Este fenómeno revela la tensión entre el pensamiento crítico y la unilateralidad del discurso, donde la ausencia de autocrítica convierte la comunicación en un ejercicio de poder más que en un espacio de diálogo. La ética periodística exige que el mensaje no se reduzca a la imposición, sino que se abra a la pluralidad de interpretaciones, reconociendo la autonomía del receptor y la responsabilidad social del emisor.
En la dimensión política de la crítica como poder y contrapeso del periodismo crítico se concibe como un contrapeso al poder estatal. Según Hernán Fair, los medios son actores políticos que construyen hegemonía mediante el encuadre y la agenda setting ( La “agenda” en comunicación se refiere al listado jerarquizado de temas que los medios consideran relevantes; la “agenda setting” es la teoría que explica cómo esa selección influye en la opinión pública, moldeando qué asuntos percibe la sociedad como importantes) .
No obstante, cuando periodistas como López Dóriga adoptan posturas cargadas hacia la derecha, o cuando Aristegui recurre a la burla tajante, el periodismo deja de ser contrapeso plural y se convierte en un instrumento ideológico. La crítica política exige pluralidad y rigor comparativo; sin ello, se cae en el reduccionismo de “ver solo una cara de la moneda”.
La opinión pública y la legitimidad de la comunicación muestra que la opinión pública no es pasiva: afecta directamente la gobernabilidad. Rafael Repiso sostiene que el periodismo no es un espacio soberano, sino una subárea de la comunicación que hereda sus límites y condiciones .
En este sentido, las narrativas periodísticas moldean percepciones colectivas que pueden legitimar o deslegitimar a los gobiernos. Comparar a Claudia Sheinbaum con Stalin o Hitler no es un ejercicio crítico, sino una operación simbólica que erosiona la ética y fomenta intolerancia.
La dimensión de la ética periodística del lenguaje permite comprender cómo los discursos periodísticos interpretan y resignifican la realidad. Carlos Vallina subraya que la crítica cultural debe articular investigación periodística con razón académica, evitando caer en simplificaciones . La ética periodística, por su parte, establece parámetros claros: respeto a la dignidad de las personas, veracidad y responsabilidad social. Cuando se sobrepasan estos límites —como en la caricaturización de mandatarios— el periodismo se convierte en intolerancia disfrazada de crítica.

La crítica y la autocrítica en la dialéctica es tesis de la crítica ; la autocrítica, es la antítesis; y la evaluación del lector, la síntesis. Este triángulo dialéctico debería ser el núcleo del periodismo analítico. Sin embargo, la autocrítica suele estar ausente, lo que genera discursos autoritarios o exaltados. La ética periodística exige que el periodista se cuestione a sí mismo, reconozca sus sesgos y abra espacio a la pluralidad. Solo así se evita que el periodismo se reduzca a propaganda o espectáculo.
El texto aborda la problemática del periodismo crítico y su tendencia a convertirse en un discurso de unilateralidad cuando se ausenta la autocrítica. Desde las ciencias de la comunicación, la sociología y la filosofía, se observa que el periodista, como emisario del mensaje, puede caer en un autoritarismo discursivo al imponer su visión como única verdad, anulando la pluralidad interpretativa.
El periodismo debería funcionar como contrapeso del poder estatal, pero cuando se carga hacia una ideología —sea de derecha o de izquierda— se convierte en propaganda. La crítica sin autocrítica genera discursos parciales que afectan la legitimidad democrática.
La opinión pública es moldeada por narrativas mediáticas. Comparaciones extremas o descalificaciones simbólicas, como las dirigidas a mandatarios, no enriquecen el debate, sino que fomentan intolerancia y polarización social.
La ética del lenguaje muestran que el periodismo debe interpretar con rigor, evitando reduccionismos. La crítica auténtica exige respeto y responsabilidad, mientras que la unilateralidad discursiva erosiona la libertad de expresión.
La crítica es tesis, la autocrítica antítesis y la evaluación del lector síntesis. Este triángulo dialéctico debería ser el núcleo del periodismo analítico. Sin autocrítica, el discurso se convierte en autoritario y pierde su función social.
El periodismo crítico auténtico no consiste en atacar al Estado ni en ridiculizar a sus actores, sino en analizar con rigor, reconocer sus propios límites y abrir espacio a la pluralidad de voces. La comunicación, como ciencia, nos recuerda que el periodismo es parte de un entramado mayor de mediaciones simbólicas. La ética periodística nos exige respeto y responsabilidad. Y la filosofía nos enseña que la crítica sin autocrítica es incompleta.

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